El panorama para el campo tucumano no es alentador. La nueva temporada productiva comenzó rodeada de señales de alarma: lluvias que traban el ingreso a los lotes, demoras en la cosecha y en la campaña agrícola, presión de malezas y plagas, suba de combustibles y una estructura impositiva que los productores consideran asfixiante. En ese marco, tanto la actividad cañera como la de granos enfrentan un inicio marcado más por la preocupación que por las expectativas.
La lluvia trajo alivio, pero también parálisis
En la actividad azucarera, el exceso de agua pasó de ser una buena noticia a convertirse en un obstáculo operativo. Los campos anegados y el barro dificultan el ingreso de las cosechadoras y ponen en duda el arranque de la zafra en los tiempos previstos. En algunas zonas, incluso, ya se advierte que será imposible entrar durante mayo si no mejoran las condiciones del suelo.
El problema no se limita a la caña. En otras producciones, como la alfalfa, las precipitaciones arruinaron cortes ya encaminados y obligan a rehacer trabajo e inversión. En los granos ocurre algo similar: las lluvias demoraron el inicio de la campaña, dejaron más presión de malezas y plagas sobre soja y maíz, y elevaron los costos de control. El clima ayudó en algunos tramos, pero terminó agregando nuevas complicaciones a un escenario ya delicado.
Rentabilidad bajo presión por combustible, impuestos y fletes
A los problemas climáticos se suma una ecuación económica cada vez más ajustada. En el caso de los granos, el aumento del combustible impacta de lleno en dos frentes sensibles: la cosecha y el transporte. Para los productores del NOA, la distancia a los puertos vuelve todavía más pesado ese costo logístico y recorta competitividad.
En la cadena cañera, además, crecen las críticas por la carga tributaria provincial. Aunque existe una exención parcial en Ingresos Brutos para el cultivo, los productores integrados sostienen que el beneficio no alcanza porque otras actividades del circuito, como el transporte, la venta de azúcar y los servicios agrícolas, siguen tributando con alícuotas altas. El reclamo apunta a una tasa cero para toda la cadena durante la zafra, bajo el argumento de que la presión impositiva termina licuando cualquier margen.
Un desgaste acumulado que impide recuperar terreno
La preocupación del sector no responde sólo a este ciclo. En el campo advierten que la foto actual debe leerse sobre una película más larga, marcada por campañas sucesivas con rentabilidad insuficiente. Aun en años con variables algo más favorables, la recuperación no alcanza para recomponer el capital perdido ni para devolver previsibilidad a la actividad.
Por eso, en Tucumán el inicio de la campaña no despierta entusiasmo, sino cautela. La combinación de suelo saturado, mayores costos, recesión y falta de alivio fiscal configura un arranque complejo para el agro. Más que una oportunidad de despegue, esta temporada aparece como otro desafío para un sector que sigue trabajando al límite.
