La investigación por el femicidio de Érika Antonella Álvarez sumó un nuevo capítulo a partir del análisis del teléfono celular de Justina Gordillo, pareja de Felipe Sosa al momento del crimen e imputada por encubrimiento. El informe elaborado por el Equipo Científico Fiscal, de 92 páginas, detectó elementos que los investigadores consideran relevantes para reconstruir el contexto previo y posterior al homicidio.
Según la pericia, del dispositivo surgieron conversaciones, registros de llamadas, archivos multimedia, historial de navegación y actividad en redes sociales vinculados a distintos puntos de interés para la causa. Entre ellos aparecen referencias a viajes, transferencias económicas, consumo y supuesta comercialización de estupefacientes, además de posibles encuentros sexuales grupales.
Uno de los datos más sensibles es la eliminación de 15.957 registros de WhatsApp entre el 9 de enero y el 1 de febrero de 2026. Ese período abarca desde el día posterior al hallazgo del cuerpo de Érika hasta la detención de Gordillo en un country de Yerba Buena.
Para los investigadores, esa supresión masiva de mensajes podría ser clave para analizar la conducta de la imputada después del crimen. La defensa, en tanto, evitó hacer declaraciones públicas sobre el contenido del informe, aunque allegados a Gordillo sostienen que la información extraída del celular no modificaría su situación procesal.
Drogas, dinero y contradicciones en la versión de la imputada
El teléfono también aportó indicios sobre el vínculo de Sosa, conocido como “El Militar”, con drogas. En conversaciones de mayo de 2024, el acusado del femicidio habría enviado a Gordillo imágenes de plantas de marihuana que estaba cultivando. La respuesta de ella fue: “No lo puedo creer. Me imaginaba mucha menos cantidad. Qué golpe”.
Ese dato se suma a una causa abierta en la Justicia Federal desde junio de 2023 contra Sosa por producción de cannabis a gran escala. Aunque estaría habilitado por el Reprocann, las imágenes analizadas indicarían que podría haber excedido el límite permitido.
Otro mensaje incorporado al informe también llamó la atención de los investigadores. “Querés vender pastillas y me juzgás a mí por un ‘garca’”, le escribió Gordillo a Sosa en abril de 2024. Para la fiscalía, ese tipo de comunicaciones mostraría que la imputada tenía más información sobre las actividades de su expareja que la que habría revelado al declarar.
También aparece bajo análisis el manejo de dinero. Antes de abandonar la provincia, Sosa le había firmado un poder a Gordillo para administrar las cuentas bancarias de su empresa. La defensa siempre sostuvo que se trató de un trámite formal, realizado ante escribana y conocido por el entorno. Sin embargo, el informe señala que antes de ser detenida la imputada realizó una transferencia por $16,5 millones, movimiento que ahora quedó incorporado al expediente.
El vínculo con Érika y las búsquedas posteriores al crimen
Otro punto central de la pericia está relacionado con el conocimiento previo que Gordillo habría tenido sobre Érika. Según los investigadores, la imputada sabía de la existencia de la víctima al menos desde junio de 2024, a partir de reclamos que le hacía a Sosa por ese vínculo.
El informe también menciona indicios sobre un posible video íntimo entre Sosa y Álvarez, que habría sido mostrado luego a Gordillo y habría provocado una fuerte discusión de pareja. Además, se detectaron interacciones en Instagram entre las cuentas de Gordillo y Érika, aunque los peritos aclararon que no se seguían mutuamente.
La actividad digital posterior al crimen también quedó bajo análisis. La pericia confirmó que Gordillo visitó sitios digitales y leyó notas periodísticas sobre el caso desde el 8 de enero, día en que el cuerpo de Érika fue encontrado en un descampado de Manantial Sur.
En ese contexto, un mensaje enviado por la imputada cuando Sosa ya no estaba en Tucumán podría cobrar relevancia para la acusación. Allí escribió: “No sé lo que está pasando”; “Yo a vos te creo y sé que no sos capaz de hacerle daño a nadie”; y luego agregó que estaba repasando mentalmente los días previos, desde un viaje a Cafayate, sin haber visto “nada extraño” en la casa.
La causa también incorporó elementos que apuntan a un posible contexto de violencia de género sufrido por Gordillo en su relación con Sosa. Los peritos detectaron referencias a agresiones físicas no denunciadas, situaciones de control, aislamiento y escenas de celos. Incluso surge el relato de un presunto episodio en el que la imputada habría sido dopada y abusada sexualmente durante una reunión, hecho que también podría derivar en una investigación específica.
Con estos nuevos datos, la fiscalía a cargo de Pedro Gallo busca fortalecer su hipótesis sobre el rol que pudo haber tenido Gordillo después del crimen. La imputada declaró y brindó su versión de los hechos, aunque, por su condición procesal, no está obligada legalmente a decir la verdad. Ahora, el contenido de su celular se convirtió en una pieza central para contrastar sus dichos, reconstruir sus vínculos con Sosa y determinar cuánto sabía realmente sobre Érika antes y después del femicidio.
