En Villa Nueva Italia, en Tafí Viejo, el temporal pasó, pero sus huellas siguen a la vista. En calles como Venecia, el agua estancada, los pozos y el barro volvieron riesgosa una circulación que ya era frágil antes de las lluvias. Los vecinos describen un escenario de miedo cotidiano: motos que zigzaguean para evitar los charcos, autos que frenan de golpe y esquinas donde el agua parece no retirarse nunca.
La escena no es apenas la de un barrio anegado. Es la postal de una infraestructura que vuelve a crujir cada vez que llueve fuerte. Lo que quedó al descubierto no es sólo el daño del temporal, sino también la vulnerabilidad acumulada de una zona donde el drenaje no alcanza y donde cada tormenta reabre el mismo reclamo.
La tragedia que cambió el tono del reclamo
Pero esta vez el problema no quedó sólo en la incomodidad o en las pérdidas materiales. La zona quedó atravesada por una tragedia que golpeó de lleno a Tucumán: la muerte de Mariano Robles, de 28 años, y Solana Albornoz, de 32, la pareja que fue hallada sin vida luego de quedar atrapada durante el temporal cuando regresaba de un casamiento.
Desde entonces, en Villa Nueva Italia el reclamo vecinal cambió de escala. Ya no se habla únicamente de calles deterioradas o de agua acumulada: se habla de riesgo, de desprotección y de la sensación de que una tormenta intensa puede transformarse en una trampa. En ese marco, la investigación judicial y los testimonios sobre recorridos sin señalización suficiente sumaron nuevas preguntas sobre cómo se circula en sectores castigados por el agua.
Entre lluvias extraordinarias y obras pendientes
El temporal que afectó a Tucumán durante el fin de semana del 4 y 5 de abril dejó un saldo devastador en distintos puntos de la provincia. Informes oficiales y reportes periodísticos coincidieron en que las precipitaciones superaron ampliamente las previsiones y pusieron en evidencia las limitaciones de la infraestructura vial e hídrica.
En Villa Nueva Italia, esa discusión tiene forma concreta: calles rotas, agua que permanece y vecinos que esperan respuestas antes de la próxima tormenta. Porque cuando el agua tarda en irse, el barrio no recupera la normalidad: queda suspendido entre el barro, la memoria de lo ocurrido y la certeza de que, sin obras de fondo, el peligro sigue ahí.
