La comunidad estudiantil de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán atraviesa días de conmoción luego de que salieran a la luz denuncias por acoso y violencia de género contra estudiantes vinculados al ámbito universitario. El caso derivó en asambleas, cuestionamientos a las dinámicas de militancia y reclamos para fortalecer los mecanismos institucionales de acompañamiento.
Asambleas en medio de un clima de preocupación
Durante los últimos días, distintas carreras de la facultad impulsaron espacios de debate para poner en común lo ocurrido y analizar posibles respuestas. En una de esas asambleas, estudiantes relataron situaciones de destrato, machismo y malestar dentro de espacios de participación política universitaria.
La tensión creció cuando se expusieron testimonios vinculados a hechos ocurridos tiempo atrás. Según se relató en ese encuentro, uno de los estudiantes presentes reconoció públicamente haber protagonizado un episodio denunciado y pidió disculpas ante la asamblea. La situación generó nuevas intervenciones y cuestionamientos sobre cómo se habían abordado previamente esos hechos.
El protocolo de género fue activado
Desde el Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras se informó que la situación fue puesta en conocimiento del espacio institucional de género de la facultad, donde se activó el protocolo correspondiente. La presidenta del CUEFIL, Lucía Gastaminza, explicó que dentro de la comunidad estudiantil hay “bastante preocupación”, especialmente porque las personas denunciadas pertenecen al propio ámbito universitario.
El protocolo contempla una primera instancia de escucha, a cargo de referentes de género, y luego puede derivar en otras actuaciones según la gravedad y las características de cada caso. Desde el centro estudiantil remarcaron que evitaron mantener contacto directo con las denunciantes para no generar situaciones de revictimización.
Un debate que interpela a la militancia universitaria
Uno de los puntos más sensibles del conflicto es que uno de los denunciados integraba espacios de militancia estudiantil. En ese marco, Gastaminza reconoció que la situación resulta “muy dolorosa” y planteó que lo ocurrido obliga a revisar prácticas internas, vínculos políticos y formas de acompañamiento dentro de la vida universitaria.
Las discusiones abiertas en Filosofía y Letras también reactivaron propuestas para crear comisiones de género por carrera y revisar el funcionamiento de las herramientas existentes. En la comunidad estudiantil señalan que el desafío no se agota en el tratamiento de denuncias puntuales, sino que exige repensar cómo se construyen espacios seguros, cómo se acompaña a quienes denuncian y qué respuestas institucionales se dan frente a situaciones de violencia.
