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El Cadillal vuelve a quedar marcado por la inseguridad: ocho años después de llevarse el catamarán por los robos, asaltaron a su dueño

La historia parece haber dado una vuelta completa y regresado al mismo lugar. Ocho años después de que la inseguridad empujara a Mario Conti a retirar de Tucumán el catamarán Arquímedes, una banda armada irrumpió en su vivienda de El Cadillal y redujo a su familia.

Esta vez el episodio fue mucho más grave. Los delincuentes ingresaron durante la noche a la casa del empresario, propietario de la Aerosilla Nuevo Cadillal, y sorprendieron a Conti, a su esposa Roxana Delgado y a sus hijos de 10 y 4 años.

La familia quedó bajo amenaza mientras los asaltantes se desplazaban por la vivienda. La activación de una alarma antipánico habría provocado la fuga de los delincuentes y evitado que el ataque tuviera consecuencias todavía más graves.

El episodio vuelve a poner bajo la lupa la seguridad de una de las principales villas turísticas de Tucumán. Pero en el caso de Conti, además, reactiva un antecedente imposible de ignorar: en 2018 ya había decidido abandonar una importante inversión turística después de sufrir reiterados robos y hechos vandálicos.

Tres robos en seis meses y una decisión que conmocionó a Tucumán

En marzo de 2018, el nombre de Mario Conti ya había quedado asociado a la crisis de inseguridad de El Cadillal.

El empresario había llegado a Tucumán en 2006 con el catamarán Arquímedes, después de explotar la embarcación en el lago San Roque, en Villa Carlos Paz. Durante 12 años, el barco se convirtió en uno de los atractivos más reconocidos del dique Celestino Gelsi.

Pero la experiencia terminó de la peor manera.

Conti sufrió tres hechos delictivos en menos de seis meses. En uno de ellos, los ladrones ingresaron a su casa después de violentar rejas y puertas. Se llevaron dinero, teléfonos celulares, una computadora y hasta documentos personales.

Pocos días después, el empresario volvió a ser víctima de la delincuencia. Tres hombres ingresaron al catamarán, robaron una caja de herramientas y provocaron destrozos en la embarcación.

La sucesión de ataques terminó por quebrarlo.

Conti anunció entonces que la decisión de irse estaba tomada. Después de 12 años de inversión y trabajo en Tucumán, dijo que ya no podía vivir tranquilo y planteó públicamente una pregunta que, vista desde el presente, resulta todavía más fuerte: quién podía garantizarle la seguridad de su familia.

El día que Arquímedes abandonó las aguas de El Cadillal

El 6 de marzo de 2018, la imagen del catamarán fuera del agua marcó el final de una época para El Cadillal.

El Arquímedes, una embarcación de 20 metros de largo, nueve de ancho y unas 30 toneladas de peso, fue retirado del dique para ser trasladado a Córdoba. El plan era repararlo y posteriormente comercializarlo.

La partida generó tristeza, pero también abrió una discusión más profunda sobre las condiciones que Tucumán ofrecía a quienes decidían invertir en turismo.

Conti no hablaba solamente de los robos. También cuestionaba la falta de controles, los hechos de vandalismo y las deficiencias generales que, a su entender, impedían consolidar a El Cadillal como un verdadero centro turístico.

El empresario incluso llegó a afirmar que el catamarán sólo había sido rentable durante sus primeros años en Tucumán.

Su partida fue una señal fuerte: uno de los principales atractivos del lugar dejaba la provincia y su dueño explicaba públicamente que la inseguridad había sido determinante.

El problema tampoco desapareció después de aquel episodio. En enero de 2019, vecinos de El Cadillal llegaron a cortar la ruta de acceso para reclamar mayor seguridad y denunciaron que sufrían robos de manera cotidiana.

Ocho años después, el miedo volvió a entrar a su casa

El último ataque contra la familia de Conti transforma aquel antecedente de 2018 en algo todavía más inquietante.

Esta vez no se trató de encontrar una vivienda vacía y revuelta al regresar. Una banda armada irrumpió mientras la familia estaba dentro de la casa.

La esposa del empresario relató que durante el ataque llegó a pensar que habían matado a su marido. Los dos hijos de la pareja presenciaron la violenta secuencia y, según el relato familiar, quedaron profundamente afectados.

La investigación deberá determinar cómo ingresaron los atacantes, cuántas personas participaron, qué recorrido hicieron dentro de la propiedad y si existen registros de cámaras que permitan identificarlos.

Pero, más allá de la pesquisa judicial, el caso deja una pregunta incómoda para Tucumán.

Hace ocho años, Conti retiró del dique uno de sus principales atractivos turísticos después de una seguidilla de robos. Entonces dijo que había perdido la tranquilidad y que temía por su familia.

Ocho años después, delincuentes armados entraron a su casa con su esposa y sus hijos adentro.

La historia del catamarán Arquímedes parecía una vieja postal de la inseguridad que había golpeado a El Cadillal.

El nuevo asalto demuestra que, para Mario Conti y su familia, aquel miedo nunca quedó definitivamente atrás.

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