San Martín igualó sin goles frente a Quilmes y profundizó las dudas sobre su presente futbolístico. En un contexto que exigía una reacción tras tres derrotas consecutivas, el equipo dirigido por Andrés Yllana mostró una versión conservadora, con escasa generación de juego y sin respuestas ofensivas para quedarse con una victoria que parecía indispensable.
El entrenador volvió a apostar por un esquema con cinco defensores y una estructura pensada más para evitar errores que para asumir protagonismo. La propuesta terminó dejando un equipo partido, con una marcada distancia entre la defensa y el ataque, lo que dificultó la circulación de la pelota y redujo al mínimo las posibilidades de crear peligro.
La falta de conexión entre líneas fue uno de los principales problemas. San Martín no logró sostener secuencias de pases ni generar asociaciones que le permitieran acercarse con claridad al arco rival. Las pocas aproximaciones llegaron a través de pelotazos o acciones aisladas, reflejando la ausencia de una idea de juego consolidada.
A pesar del planteo cauteloso, tampoco mostró una solidez defensiva absoluta. Quilmes encontró espacios para avanzar y generó algunas situaciones que evidenciaron desajustes en el fondo. Sin embargo, las limitaciones del conjunto bonaerense evitaron que esas falencias tuvieran mayores consecuencias.
Entre los puntos destacados apareció Luca Arfaras, uno de los pocos futbolistas que intentó romper la monotonía con movilidad, despliegue y actitud. No obstante, el esfuerzo individual no alcanzó para modificar el desarrollo de un partido que dejó más preocupaciones que certezas.
Con el correr de las fechas, la falta de evolución comienza a inquietar. Los cambios de nombres y esquemas no lograron modificar una imagen repetida: un equipo sin identidad definida, con dificultades para generar juego y cada vez más alejado de los puestos de protagonismo en el campeonato.
