Osvaldo Jaldo volvió a aparecer entre los gobernadores mejor valorados de la Argentina. Según la última medición nacional de CB Global Data, el mandatario tucumano quedó en el segundo lugar del ranking, con un 54,8% de imagen positiva, apenas detrás del salteño Gustavo Sáenz.
El dato es, indudablemente, una buena noticia para el gobernador. En una Argentina atravesada por el desgaste de la política, la crisis económica y la desconfianza hacia las instituciones, superar el 50% de valoración favorable y ocupar el segundo puesto entre 24 mandatarios provinciales representa un capital político importante.
Pero la fotografía tiene otra cara.
Las mediciones también muestran que alrededor de cuatro de cada diez tucumanos tienen una percepción negativa de Jaldo. Y allí aparece la pregunta que obliga a mirar la encuesta más allá del podio nacional: ¿es posible hablar de un respaldo contundente cuando existe un núcleo de rechazo de semejante magnitud?
La respuesta depende de qué mitad del vaso se quiera mirar.
El vaso medio lleno: Jaldo sigue arriba en un escenario difícil
Para el oficialismo tucumano, la encuesta ofrece argumentos de sobra para festejar.
Jaldo no sólo conserva una imagen positiva superior a la negativa, sino que además se encuentra en la cima del ranking nacional. El dato adquiere mayor peso porque no se trata de una medición aislada: durante los últimos meses, el gobernador se mantuvo de manera constante entre los mandatarios provinciales mejor evaluados.
También hay un elemento político relevante.
El mandatario atravesó decisiones que podrían haber generado un costo significativo: su acercamiento al Gobierno nacional, el acompañamiento a iniciativas de Javier Milei y su distanciamiento de sectores del peronismo más confrontativos con la Casa Rosada.
Hasta ahora, al menos según las encuestas de imagen, esa estrategia no parece haber provocado una ruptura con la mayoría de los tucumanos.
Desde esa perspectiva, el vaso está más que medio lleno.
Jaldo gobierna una provincia con problemas históricos, en medio de un contexto nacional complejo, y aun así mantiene una valoración positiva superior al 50%. Además, aparece mejor ubicado que gobernadores con gran exposición nacional y aspiraciones presidenciales.
Para un dirigente que ya piensa en 2027, no es un dato menor.
El vaso medio vacío: cuatro de cada diez tucumanos lo rechazan
Sin embargo, los rankings pueden generar una ilusión óptica.
Ser el segundo gobernador con mejor imagen del país no significa necesariamente contar con una sociedad políticamente alineada detrás de su figura. Una cosa es ocupar una buena posición en comparación con otros mandatarios y otra, diferente, es analizar el nivel de rechazo dentro del propio territorio.
Ahí aparece la zona de preocupación.
Tener alrededor de un 40% de imagen negativa implica que existe una porción considerable de la sociedad tucumana que desaprueba al gobernador. No se trata de un grupo marginal ni de una minoría irrelevante.
Es un sector con suficiente volumen como para convertirse en un problema electoral si la oposición logra unificarlo detrás de una alternativa competitiva.
Ese probablemente sea el principal desafío para Jaldo.
El gobernador tiene un piso elevado de aceptación, pero también enfrenta un núcleo importante de rechazo. La ventaja actual es que ese descontento no necesariamente se traduce en una única fuerza política ni tiene hoy un liderazgo opositor capaz de capitalizarlo por completo.
Una encuesta de imagen tampoco es una elección. Una persona puede valorar positivamente a un gobernante y votar por otro candidato, así como también puede rechazarlo pero terminar acompañándolo frente a una alternativa que considera peor.
Por eso, el 54,8% no garantiza una victoria futura. Pero el nivel de rechazo tampoco anticipa necesariamente una derrota.
El verdadero examen estará en 2027
La encuesta deja una conclusión política mucho más compleja que el festejo por un segundo puesto.
Jaldo llega a la etapa previa a 2027 desde una posición favorable. Tiene visibilidad, estructura territorial, control político del oficialismo y una imagen positiva que lo coloca entre los mandatarios mejor evaluados del país.
Ese es su principal activo.
Pero, al mismo tiempo, no puede ignorar que una parte importante de los tucumanos tiene una mirada negativa sobre su figura. El problema para el gobernador no es solamente mantener a quienes lo apoyan, sino evitar que el rechazo se transforme en una mayoría electoral articulada.
Por ahora, el vaso parece estar más lleno que vacío.
Jaldo conserva saldo positivo, se mantiene en los primeros lugares de los rankings nacionales y no sufrió, hasta el momento, un desgaste capaz de invertir la relación entre aprobación y rechazo.
Sin embargo, la política rara vez se define por una sola fotografía.
El segundo puesto nacional es una buena noticia para el gobernador. El porcentaje de imagen negativa, en cambio, funciona como una advertencia. Ambos datos son verdaderos al mismo tiempo.
La pregunta de fondo no es si Jaldo debe celebrar o preocuparse.
Probablemente deba hacer las dos cosas.
