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Alerta por el avance narco en Tucumán: ¿secuestrar cada vez más droga es una buena o una mala señal?

En apenas cinco días, las fuerzas de seguridad secuestraron 61 kilos de cocaína en distintos procedimientos realizados en Tucumán. El número puede ser presentado como un éxito de los controles y de las investigaciones, pero también encierra una pregunta mucho más preocupante: ¿cuánta droga logra pasar sin ser detectada?

La seguidilla de operativos volvió a encender las alarmas por el crecimiento del narcotráfico en el norte argentino y por el lugar que ocupa Tucumán dentro de las rutas utilizadas para transportar estupefacientes.

Autos modificados con compartimientos ocultos, colectivos de compras, mochilas debajo de asientos y cargamentos que atraviesan caminos provinciales forman parte de una realidad que comienza a repetirse con demasiada frecuencia.

El narcotráfico ya no puede ser analizado solamente a partir de la cantidad de droga decomisada. Detrás de cada cargamento aparecen organizaciones con capacidad económica, logística y operativa para mover grandes volúmenes y, al mismo tiempo, el riesgo permanente de corrupción dentro de las instituciones encargadas de combatirlas.

Los secuestros son un éxito, pero también una advertencia

Desde un punto de vista estrictamente operativo, cada kilo de cocaína que no llega a destino representa un resultado positivo. Son cargamentos retirados de circulación, pérdidas económicas para las organizaciones criminales y procedimientos que pueden permitir avanzar sobre estructuras superiores.

Pero la repetición de los hallazgos ofrece una lectura menos tranquilizadora.

Que en un período tan corto se detecten diferentes cargamentos utilizando vehículos particulares, transportes de pasajeros y distintas rutas indica que existe un movimiento constante de droga por la región.

El problema es imposible de medir únicamente a partir de las incautaciones. Nadie puede determinar con exactitud qué porcentaje del total transportado consigue ser interceptado y cuánto logra atravesar los controles.

Esa es la pregunta que convierte una estadística positiva en motivo de preocupación.

Los operativos demuestran que se encuentra más droga, pero también confirman que existen organizaciones dispuestas a enviar cargamento tras cargamento, incluso después de sufrir pérdidas millonarias.

Una estructura que necesita rutas, dinero y protección

Los últimos procedimientos muestran que el traslado de cocaína no depende de una única modalidad. La droga puede aparecer escondida en un vehículo preparado especialmente para ocultarla o dentro de un colectivo que transporta pasajeros.

En varios de los operativos recientes, los panes de cocaína llevaban la imagen de un delfín, una marca que los investigadores vinculan con una organización dedicada al tráfico de drogas en el norte del país.

Pero uno de los datos más inquietantes surgió en torno a un cargamento sobre el que existe la sospecha de que la droga habría sido decomisada anteriormente y, mediante una maniobra delictiva, habría regresado al circuito ilegal.

La sola existencia de esa línea investigativa expone el peligro más profundo del narcotráfico: su capacidad para intentar corromper personas y penetrar las estructuras que deben combatirlo.

La preocupación se potencia en una región donde también se investigan presuntos hechos de corrupción vinculados con integrantes de fuerzas de seguridad. Para las organizaciones criminales, contar con información sobre controles, comprar protección o conseguir zonas liberadas puede ser tan importante como disponer de vehículos y personas para transportar la droga.

Ahí está una de las mayores amenazas. El poder narco no se construye solamente con armas y violencia. También crece a partir del dinero y de la capacidad de corromper.

Tucumán ante un problema que ya no puede mirar de lejos

Durante años, en Tucumán se discutió si la provincia era un lugar de consumo, de tránsito o de almacenamiento de drogas. La realidad demuestra que esas categorías ya no son suficientes para dimensionar el fenómeno.

Los procedimientos indican que importantes cargamentos atraviesan el territorio provincial o tienen conexiones locales. Además, algunos operativos derivaron en allanamientos y detenciones de tucumanos, lo que obliga a investigar no sólo a quienes manejan un automóvil o trasladan una mochila, sino también a quienes financian, organizan y reciben los cargamentos.

La lucha contra el narcotráfico no puede medirse únicamente contando panes de cocaína sobre una mesa después de un operativo.

Secuestrar droga es una buena noticia. Tener que secuestrar cantidades cada vez mayores y con tanta frecuencia, no necesariamente.

El desafío para Tucumán es evitar que la provincia se consolide como un territorio funcional a las organizaciones narco. Para eso no alcanza con detener transportistas. Será necesario seguir el dinero, identificar a los verdaderos organizadores y, especialmente, impedir que el poder económico de esas estructuras consiga penetrar las instituciones.

Los 61 kilos secuestrados en cinco días muestran que los controles están dando resultados. Pero también dejan una advertencia imposible de ignorar: el narcotráfico se mueve, busca nuevas rutas y dispone de recursos suficientes para seguir intentándolo.

La verdadera buena señal no será únicamente encontrar más droga. Será lograr que cada cargamento secuestrado permita avanzar sobre la estructura que está detrás.

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