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El macabro crimen de Marta Migliorini: una advertencia por WhatsApp, torturas y un vecino que fingió ayudar a la familia

El crimen de Marta Azucena Migliorini está rodeado de una sucesión de detalles tan violentos como inquietantes. Días antes de ser asesinada dentro de su casa, la mujer había enviado un audio de WhatsApp a sus familiares para contarles que un joven había intentado ingresar a su propiedad y que, durante la fuga, se le había caído un “fierro”.

Marta dijo que había guardado aquel objeto. Nunca se determinó con certeza si hablaba de un arma de fuego o de un trozo de metal. Sin embargo, después de su asesinato, ese mensaje adquirió una dimensión escalofriante: los investigadores analizan si quienes entraron a su casa buscaban recuperar ese elemento y si la sometieron a una brutal tortura para que revelara dónde lo había escondido.

La otra hipótesis es que los atacantes buscaban dinero. Lo que no está en discusión es el nivel de violencia desplegado contra la mujer, quien fue golpeada, reducida y finalmente asesinada dentro de su propia vivienda.

Por el hecho hay cinco acusados con prisión preventiva. La investigación todavía busca determinar qué ocurrió exactamente dentro de la casa y cuál fue el verdadero motivo detrás de semejante ensañamiento.

La macabra escena que encontraron dentro de la casa

El viernes, al no tener noticias de Marta, sus familiares comenzaron a preocuparse. Uno de sus sobrinos, Matías Ocón, llegó hasta la vivienda para averiguar qué había ocurrido.

Allí apareció uno de los episodios más perturbadores del caso.

Según la investigación, Wilson Ángel Palacios, un joven vecino de 21 años que luego terminaría detenido, intentó tranquilizar al familiar. Le habría dicho que había visto a Marta esa misma mañana haciendo compras y hasta le mostró que el teléfono celular de la mujer estaba dentro de su automóvil.

Después ocurrió algo todavía más inquietante: Palacios acompañó al sobrino a ingresar a la casa. Fue allí donde encontraron a Marta brutalmente asesinada.

Mientras la Policía y los investigadores trabajaban en el lugar, un testimonio cambió el rumbo del caso. Un vecino aseguró haber visto a Palacios durante la madrugada accionando el cierre centralizado del vehículo de la víctima.

El joven fue trasladado a la comisaría. Durante la requisa, los efectivos encontraron la llave del automóvil de Marta escondida debajo de su ropa interior.

A partir de allí, la pesquisa avanzó sobre otros sospechosos y fueron detenidos Eduardo “Chueco” Santucho, Elías Gerez, Marcos Suárez y un adolescente de 17 años.

Atada, golpeada y atacada con armas improvisadas

Los detalles incorporados a la causa describen una escena de extrema crueldad.

Según la acusación presentada en la audiencia judicial, Marta habría sido atada de los pies al picaporte de una puerta para ser golpeada. Los investigadores señalaron que también le habrían aplastado uno de sus brazos utilizando una tabla.

La violencia no terminó allí.

De acuerdo con la reconstrucción expuesta por el Ministerio Público, la mujer fue atacada con una lanza casera fabricada con un palo y un cuchillo atado en uno de sus extremos. Además, recibió una herida con un puñal en el cuello.

La brutalidad de la escena impactó incluso a los investigadores acostumbrados a trabajar en casos violentos. El fiscal Carlos Sale reconoció públicamente que hacía mucho tiempo no observaba semejante nivel de violencia ejercido contra una persona.

Por la mecánica del crimen, la Justicia avanzó con una acusación por homicidio triplemente agravado: por criminis causa, por la presunta participación premeditada de dos o más personas y por ensañamiento.

Las defensas cuestionaron las pruebas y la manera en que varios de los acusados quedaron vinculados al expediente. La investigación deberá avanzar ahora con pericias, entre ellas los estudios genéticos, para establecer el grado de participación de cada sospechoso.

El audio que ahora estremece a la familia

En medio de una causa atravesada por interrogantes, el mensaje que Marta envió antes de morir podría convertirse en una pieza importante para entender el motivo del ataque.

Días antes del crimen, la mujer había descubierto a un joven intentando saltar una tapia para ingresar a su casa. En el audio que mandó a sus familiares contó que, durante ese episodio, al intruso se le había caído un “fierro” y que ella decidió guardarlo.

Ese detalle abrió una de las hipótesis más perturbadoras de la investigación: que los atacantes hayan regresado para recuperar ese elemento y que hayan torturado a Marta para obligarla a revelar dónde estaba.

La otra línea apunta al robo. La víctima tenía una buena situación económica, propiedades y había adquirido recientemente un vehículo. Los investigadores no descartan que los agresores creyeran que guardaba una importante cantidad de dinero dentro de la vivienda.

Por ahora, el interrogante central sigue abierto: qué fueron a buscar y por qué desplegaron semejante nivel de violencia contra una mujer que estaba sola dentro de su propia casa.

El audio de WhatsApp, enviado casi como una advertencia cotidiana a sus seres queridos, terminó transformándose en uno de los elementos más escalofriantes del caso. Marta había contado que alguien intentó entrar a su vivienda. Días después, fue encontrada asesinada allí mismo.

La investigación continúa. Cinco personas permanecen acusadas y con prisión preventiva, mientras la Justicia intenta reconstruir una noche marcada por el engaño, la tortura y una violencia que todavía resulta difícil de explicar.

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