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Chahla se despega de Milei y ensaya un perfil propio, aunque sin romper con Jaldo

Rossana Chahla eligió el 9 de Julio para dejar unaestejos patrios. Mientras Javier Milei reivindicaba los resultados de su programa económico y volvía a poner en valor el Pacto de Mayo firmado en Tucumán, la intendenta de San Miguel de Tucumán puso el foco en una realidad diferente: la de las familias que todavía no sienten una mejora en su vida cotidiana.

“El pacto fiscal no llegó al bolsillo de la gente ni a las casas de las familias”, advirtió Chahla. La frase marcó una diferencia directa con el relato económico de la Casa Rosada, pero también abrió otra lectura en la política tucumana: la jefa municipal comienza a construir una voz propia, con un discurso de mayor contenido social y una identidad más claramente peronista.

La pregunta es hasta dónde llega esa diferenciación. Porque, al mismo tiempo que endureció su postura frente a Milei, Chahla evitó cualquier confrontación con Osvaldo Jaldo. Por el contrario, elogió la capacidad de convocatoria del gobernador y destacó el respeto que consiguió entre mandatarios de diferentes espacios políticos.

No parece haber, por ahora, una ruptura con el jefe del Poder Ejecutivo provincial. Sí aparecen matices, estilos y prioridades diferentes. Y en política, especialmente cuando el horizonte electoral de 2027 empieza a instalarse en cada movimiento, esas diferencias nunca son inocentes.

Una crítica más frontal que la del gobernador

Chahla decidió hablar del bolsillo. Milei habló de superávit fiscal, equilibrio de las cuentas públicas, reformas estructurales y de los avances conseguidos desde la firma del Pacto de Mayo. La intendenta respondió desde otro lugar: el de las familias que siguen atravesando dificultades para acceder a servicios esenciales, medicamentos, educación y mejores condiciones de vida.

La diferencia estuvo principalmente en el tono.

Jaldo también planteó reparos sobre la situación económica. El gobernador reconoció avances en determinados indicadores macroeconómicos, pero advirtió que la microeconomía todavía no logra reaccionar. Su reclamo estuvo centrado, además, en las consecuencias que esa situación genera sobre la recaudación provincial y la capacidad de las provincias para sostener servicios esenciales.

Chahla fue un paso más allá. No comenzó su razonamiento reconociendo los logros económicos del Gobierno nacional, sino que fue directamente hacia el impacto social. Allí aparece una primera señal de diferenciación.

La intendenta parece buscar un espacio político que le permita cuestionar a Milei sin abandonar la estructura oficialista provincial. Una posición delicada, considerando que Jaldo construyó durante buena parte de su gestión una relación pragmática con la Casa Rosada y convirtió el diálogo con la Nación en una de sus principales herramientas políticas.

Mientras el gobernador intenta ubicarse como interlocutor entre las provincias y el Gobierno nacional, Chahla puede permitirse otro discurso. Su responsabilidad institucional es diferente y su principal escenario político es la Capital, donde necesita administrar problemas cotidianos y mantener una relación directa con un electorado urbano especialmente sensible al deterioro del poder adquisitivo y de los servicios públicos.

Perfil propio, pero sin desafiar a Jaldo

Las declaraciones de Chahla también deben leerse hacia adentro del oficialismo tucumano.

La intendenta no confrontó con Jaldo. Al contrario, destacó la convocatoria realizada por el gobernador y valoró la presencia de mandatarios de distintos signos políticos en Tucumán. Ese reconocimiento funciona como un límite claro a cualquier interpretación apresurada sobre una ruptura política.

Pero acompañar no significa necesariamente mimetizarse.

Chahla construye su propio perfil desde que llegó a la Municipalidad. Su discurso suele combinar gestión, servicios públicos, participación ciudadana e inclusión. Ahora, frente a una figura nacional dominante como Milei y ante un gobernador que eligió el pragmatismo como estrategia, la intendenta empieza a mostrar con mayor claridad dónde pretende ubicarse.

Su referencia a una democracia “con todos adentro” tampoco parece casual. En un contexto en el que el discurso libertario cuestiona buena parte de las tradiciones políticas del peronismo, Chahla volvió a poner en escena conceptos como inclusión, accesibilidad y derechos básicos.

No hubo una declaración explícita de competencia interna ni un cuestionamiento al modelo provincial. Pero sí una puesta en escena de diferencias políticas y discursivas.

El interrogante es si esa construcción seguirá siendo complementaria a la conducción de Jaldo o si, con el paso del tiempo, evolucionará hacia un proyecto con mayor autonomía. Por ahora, la intendenta parece caminar sobre una línea precisa: lealtad institucional hacia el gobernador y diferenciación discursiva frente a la Nación.

La disputa que empieza a mirar hacia 2027

Aunque todavía falta para las próximas elecciones provinciales, la política tucumana ya comenzó a mirar hacia 2027.

Milei aprovechó su paso por Tucumán para proyectar la continuidad de su programa, agradecer a los gobernadores que acompañaron reformas impulsadas por la Casa Rosada y reclamar nuevas mayorías políticas. Jaldo, por su parte, volvió a exhibir su capacidad de diálogo y su rol de articulador con gobernadores de diferentes espacios.

Chahla también dejó una señal.

Al hablar del bolsillo de la gente, la intendenta se ubicó en un territorio político que el peronismo necesita recuperar si pretende diferenciarse del modelo libertario: la economía cotidiana. Salarios, consumo, servicios, medicamentos y educación aparecen como los puntos desde los cuales intenta construir una mirada alternativa.

La cuestión es que Jaldo también comenzó a señalar que la recuperación de la macroeconomía no alcanza si no llega a la economía real. Por eso, entre el gobernador y la intendenta no existe, al menos hasta ahora, una diferencia profunda en el diagnóstico. La distancia aparece en la forma de expresarlo y en la intensidad política del mensaje.

Jaldo conserva el diálogo con Milei, reconoce determinados resultados y después plantea sus reclamos. Chahla invierte el orden: pone primero las dificultades sociales y desde allí cuestiona el relato nacional.

Esa diferencia puede convertirse en una distribución de roles dentro del oficialismo. También puede ser el comienzo de una construcción más autónoma.

Por ahora, Chahla parece haber elegido un camino intermedio: despegarse con claridad de Milei, mantener el respaldo formal a Jaldo y comenzar a ocupar un espacio político propio. Un equilibrio que, a medida que se acerque 2027, será cada vez más difícil de sostener sin definiciones.

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