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Narcotráfico en Tucumán: ¿el Estado golpea a los eslabones más débiles y no llega a las grandes redes?

Las tres historias exponen una misma incomodidad: la ofensiva contra el narcotráfico muestra resultados cuando se trata de capturar transportistas, correos humanos o piezas de recambio, pero deja abierta una pregunta más profunda sobre la eficacia real del sistema para desarmar a quienes financian, reclutan y ordenan el negocio. El foco parece puesto en los cuerpos que trasladan la droga, mientras detrás de ellos las estructuras mayores siguen apareciendo como una sombra difícil de alcanzar.

El sábado, en Molle Yaco, gendarmes detuvieron a un micro de larga distancia para realizar un control de rutina. Mientras realizaban su tarea, un pasajero se levantó y pidió ayuda porque sufría fuertes dolores estomacales. Fue llevado al hospital de Trancas y, desde allí, fue derivado al Centro de Salud, donde terminó evacuando cápsulas con más de un kilo de cocaína.

Dos días antes, en Huacra, al límite con Catamarca, también gendarmes detuvieron a un tour de compras. Encontraron que una mujer llevaba adosada en su cuerpo y ocultos entre los asientos poco más de tres kilos de “merca”. En una medida poco común y cuestionada por penalistas, todos los pasajeros fueron obligados a realizarse placas radiográficas. A cinco de ellos les encontraron cápsulas de cocaína en sus cuerpos. Finalmente, las autoridades confirmaron que en sus estómagos llevaban más de 10 kilos del estupefaciente.

El valor de lo decomisado, según los valores que manejan las autoridades, ascendería a unos U$S 42.000 en frontera. En Mendoza, el valor llegaría a unos U$S 70.000. Los “capsuleros” recibirían no más de U$S 200 por la tarea que realizan.

Los “capsuleros”, entre el delito y la explotación

El aumento en los secuestros de cocaína transportada por “capsuleros” vuelve a poner en escena el costado más brutal del circuito narco. No se trata sólo de personas detenidas con droga en el cuerpo, sino de un engranaje en el que la vulnerabilidad, la coacción y el descarte humano ocupan un lugar central. Allí, la postal del éxito operativo puede ocultar una trama mucho más oscura: la de organizaciones que exponen a otros al mayor riesgo mientras preservan a sus mandos y a su logística más importante.

Esa lectura gana fuerza cuando el fenómeno deja de verse sólo como transporte ilegal y empieza a leerse también como aprovechamiento de personas captadas en condiciones extremas. En ese punto, la frontera entre perseguir narcos y castigar a víctimas potenciales se vuelve mucho más delicada.

El fallo que cambia la discusión sobre a quién se castiga

La resolución judicial que introduce los conceptos de vulnerabilidad, trata y no punibilidad no sólo impacta sobre un caso puntual. También corre el eje del debate: obliga a preguntarse si todo detenido dentro de la cadena debe ser leído automáticamente como un responsable pleno o si algunos son, en realidad, el eslabón más frágil de una estructura armada por otros.

Ese enfoque tensiona la lógica clásica de la persecución penal. Porque si una parte de los capturados actuó bajo sometimiento, necesidad extrema o mecanismos de captación, entonces el problema no termina en la persona arrestada, sino que recién empieza ahí. El desafío para el Estado pasa a ser otro: subir en la cadena, identificar reclutadores, financistas, contactos fronterizos y responsables de la distribución, en lugar de dar por cerrado el caso con la detención más visible.

Los “distractores” y la sospecha de una estrategia incompleta

La expresión “distractores” resulta especialmente inquietante porque sugiere que muchos de los detenidos serían piezas funcionales para encubrir el movimiento de los verdaderos jugadores del negocio. Si eso ocurre, el sistema corre el riesgo de exhibir procedimientos, decomisos y apresados, pero sin afectar de manera decisiva la estructura que sostiene el narcotráfico.

Ahí aparece la pregunta de fondo: si la maquinaria estatal está yendo con fuerza sobre lo chico mientras lo grande encuentra fisuras para seguir operando. No porque los procedimientos sobre transportistas carezcan de importancia, sino porque, aislados, pueden terminar siendo apenas una respuesta parcial. Y en un mercado criminal que se adapta, reemplaza rápido a sus peones y terceriza el riesgo, una estrategia centrada sólo en los ejecutores menores puede volverse insuficiente. La verdadera medida del éxito no debería estar sólo en cuántos caen, sino en cuántas redes se logran desarmar.

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