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Cuando el Estado no llegó, dos vecinos se metieron al Marapa y rescataron a un hombre aislado

En medio de la emergencia por las inundaciones en el sur tucumano, la respuesta más decisiva no llegó desde una estructura oficial sino desde la voluntad de dos particulares. Matías Albornoz y Jorge González se subieron a su propia embarcación y navegaron durante horas por el río Marapa crecido para rescatar a Domingo Brandán, de 61 años, que llevaba cuatro días aislado en la zona de Los Sauces, en Graneros.

La escena vuelve a mostrar una postal repetida en las crisis: cuando el tiempo apremia y las condiciones son extremas, muchas veces son los propios vecinos quienes terminan sosteniendo la primera línea de ayuda. En este caso, el operativo dependió de la experiencia, la decisión y los recursos de dos hombres que no esperaron otra cosa que la posibilidad de dar una mano.

El rescate que no pudo hacer la estructura oficial

Según relató Mario Herrera, comisario mayor de Bomberos de la Policía, Brandán se había negado a abandonar su casa cuando las autoridades avanzaban con evacuaciones en la zona. Con el paso de las horas y el aislamiento cada vez más marcado, Defensa Civil pidió asistencia y hasta un móvil policial intentó llegar al lugar, pero no pudo por el caudal del río.

Fue entonces cuando apareció la alternativa que terminaría siendo la más efectiva: convocar a Albornoz, conocido por colaboraciones anteriores. Junto a González, ambos ya se habían preparado para ayudar en La Madrid y, aunque viven en Los Cercos, se sumaron a la emergencia con una embarcación propia, más liviana y más apta para sortear los bancos de arena que las lanchas oficiales.

Una travesía de riesgo que expuso quién sostuvo la emergencia

Los voluntarios partieron el jueves cerca de las 18, equipados por Defensa Civil, y debieron remontar el Marapa en plena crecida. El trayecto de ida demandó entre una hora y media y dos horas. Cerca de las 21 regresaron con Brandán a salvo, después de una travesía riesgosa que, de acuerdo con Herrera, no cualquiera estaba en condiciones de realizar.

El dato central no es solo el final feliz, sino quién lo hizo posible. Mientras el aparato estatal acompañó con el pedido y el equipamiento, la intervención concreta y decisiva quedó en manos de particulares. En el sur tucumano, una vez más, la solidaridad vecinal ocupó el lugar que la urgencia reclamaba y que la estructura pública no logró cubrir por sí sola.

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