La reforma política volvió a ocupar el centro de la escena en Tucumán, pero no por avances concretos sino por la repetición de una historia conocida: anuncios, fotos, compromisos y, al final, postergaciones. El propio gobernador Osvaldo Jaldo la mencionó una y otra vez en discursos y entrevistas, mientras la Legislatura la fue pateando hacia adelante y el sistema de acoples siguió intacto.
Un acta en el Arzobispado que todavía espera hechos
El capítulo más incómodo para el Gobierno no está en un recinto, sino en una firma: la del “acta compromiso” rubricada en el Arzobispado, impulsada por la Mesa de Diálogo (con fuerte participación de la Pastoral Social), donde se incluyó la reforma electoral dentro de un paquete de diez puntos acordados antes de la elección. Desde ese espacio, recordaron que el trabajo viene desde 2023 y que el compromiso fue explícito y público.
Cuando en 2025 se confirmó que el tema no se trataría y quedaría para 2026, la Mesa de Diálogo reclamó que, si realmente se iba a discutir, debía hacerse con participación amplia de la sociedad civil. Y advirtió que, tal como venía planteándose, el “problema de fondo” seguía sin resolverse: el esquema de acoples y la representatividad distorsionada en algunos distritos.
Anuncios en cadena: reforma, transparencia y “ficha limpia”
Jaldo instaló la reforma como promesa de gestión en la apertura de sesiones de 2024, cuando anunció que convocaría a las fuerzas políticas para debatir cambios en el régimen electoral y que enviaría proyectos para su tratamiento.
Meses después, ya en 2024, el discurso oficial insistió con la idea de “cumplir” los compromisos firmados: se volvió a mencionar la reforma del sistema electoral, el acceso a la información pública y otros puntos del acta acuerdo.
Pero la película en la Legislatura fue otra. A fines de 2025, tras internas y tironeos, el oficialismo salió a decir que avanzaría con cambios parciales —como un tope a los acoples, paridad de género y “Ficha Limpia”— mientras descartaba la boleta única.
Y, apenas días después, la conducción parlamentaria terminó admitiendo que no había consenso suficiente y que la reforma electoral directamente no se trataría en la última sesión del año.
2026 llegó, y la reforma volvió a quedar en palabras
El 2026 empezó con el tema otra vez en boca del gobernador. En su mensaje anual, Jaldo dijo que aceptará lo que decida la Legislatura, pero dedicó el tramo más fuerte a defender el sistema vigente y a pedir que no se lo “demonice”. Incluso usó el antecedente de Alberdi (elecciones concurrentes) para sostener que el PJ obtiene resultados similares con boleta única nacional o con el esquema provincial.
En paralelo, el debate político se recalentó puertas adentro y afuera del oficialismo. La oposición y distintos referentes volvieron a marcar que, pese a las promesas repetidas, “no hubo ningún cambio estructural” y que los anuncios se agotan sin decisiones.
Así, la reforma que se prometió en actos, discursos y hasta ante la Iglesia quedó, una vez más, atada a una palabra que en Tucumán suena a excusa: “consenso”. Mientras tanto, el sistema que todos dicen querer mejorar sigue funcionando igual, y la promesa —la de la Mesa de Diálogo, la del Arzobispado, la del atril legislativo— continúa en modo espera.
