Rossana Chahla volvió a presentar una batería de obras y proyectos para San Miguel de Tucumán, esta vez con la promesa de más de 30 intervenciones para 2026. El problema es que, mientras el discurso enumera avenidas, plazas y “puestas en valor”, la postal cotidiana sigue marcada por pozos que reaparecen, pavimento que se rompe, basurales que se regeneran en horas, veredas sin sombra y un camping municipal que hace años aparece en los anuncios más que en la vida real.
Un listado ambicioso que choca con la memoria de los vecinos
En su mensaje ante el Concejo Deliberante, la intendenta detalló intervenciones integrales en avenidas clave (Mitre, Alem, el eje Roca–Kirchner y el corredor Sáenz Peña–Avellaneda), una semipeatonal de 200 metros en Maipú, la apertura del Mercado Sarmiento, y obras de puesta en valor en espacios como la plazoleta Mitre y la plaza Urquiza. También incluyó trabajos pluviales en barrios como 360 Viviendas y Margarita, además de proyectos surgidos del Presupuesto Participativo.
El paquete suena potente. Pero la pregunta que se repite en la vereda es otra: ¿por qué ahora sí, si lo básico todavía no se sostiene? Porque la Capital no se mide por cuántas obras se anuncian en un papel, sino por cuánto dura lo que se hace y por si la gestión logra cortar el ciclo de “arreglo–rotura–arreglo” que desgasta la confianza.
Baches, hundimientos y parches: cuando el pavimento no aguanta
El reclamo no es abstracto: está en esquinas concretas y en arterias donde el tránsito se juega entre frenadas y volantazos. En el microcentro, por ejemplo, los “cráteres” de Marco Avellaneda y 24 de Septiembre fueron descriptos como un peligro creciente, con pozos profundos que suelen quedar “traicioneros” cuando se tapan con agua.
El municipio, a su vez, admite que muchas veces el pavimento se pierde por debajo: su propio secretario de Obras Públicas señaló que se detectaron 142 zonas con pérdidas de agua activas que complican o impiden completar trabajos. Y dejó una frase que, sin querer, pinta el núcleo del problema: “El peor enemigo del pavimento es el agua”. Si la base está enferma, la repavimentación luce… pero dura poco.
A eso se suma el malhumor social que ya no se esconde: mientras la intendenta recorría obras en la avenida Kirchner, un vecino la cruzó con un reproche que se volvió síntoma de época: “Menos TikTok y más obras”. No fue un debate técnico: fue una queja directa por lo que falta en el día a día.
Basurales en aumento, sombra en falta y un camping que siempre se “viene”
Donde más se nota el desgaste es en la basura. Hay datos oficiales que muestran una tendencia difícil de maquillar: el registro municipal pasó de contabilizar 341 basurales a 387 en abril de 2025. Y, meses después, el propio municipio informó 442 basurales o volcaderos en total, con 265 que “continúan formándose” (alrededor del 60%). Incluso con operativos y campañas, se registraron cientos de avisos vecinales por basura en la vía pública en un trimestre, y aumentaron los casos detectados de personas arrojando residuos donde no corresponde.
Pero más allá de los números, está el relato de barrio. En Viamonte, vecinos resumieron el cansancio con una frase brutal: “Vivimos en la roña”. Denunciaron basurales crónicos, calles intransitables y oscuridad, y apuntaron a un patrón que se repite: limpian y, al poco tiempo, vuelve todo. “Limpian, sí. Pero a los cinco minutos los carros ya están de nuevo”, contó un vecino.
En paralelo, la deuda verde es otra espina. Chahla prometió plantar 1.000 árboles en un plazo de 180 días (y lo enmarcó en el “lo que prometo, lo cumplo”). Sin embargo, especialistas y organizaciones vinculadas al arbolado vienen advirtiendo falta de planificación sostenida y subrayan que, en sectores del microcentro, “quedaron muy pocos árboles”. El municipio, por su lado, impulsó un censo que identificó más de 110.000 ejemplares y detectó 20.000 puntos aptos para plantar. En criollo: la ciudad todavía tiene demasiados lugares donde la sombra no existe.
Y si hay un caso que sintetiza la sensación de promesa que se corre de fecha en fecha, es el Camping Municipal “Las Lomitas”. En noviembre de 2023 se hablaba de reabrirlo “en 30 días” y se admitía que lo encontraron “devastado”. En octubre de 2024 volvió a prometerse “revalorizarlo y abrir las puertas” dentro de los siguientes 180 días. En 2025, ya se hablaba de licitaciones, obras y plazos de 12 a 18 meses. Mientras tanto, para buena parte de los vecinos, el camping sigue siendo una postal de abandono más que un espacio recuperado.
Con este panorama, los anuncios de “más de 30 obras” quedan atrapados en un problema político clásico: la credibilidad. No alcanza con prometer mucho; hay que lograr que lo hecho dure, que la basura no vuelva a la esquina, que el árbol no sea un plantín condenado, y que los espacios públicos recuperados dejen de ser promesas que se renuevan como si fueran campañas.
