La crisis de la AFA —con denuncias, auditorías y citaciones judiciales que ponen a Claudio “Chiqui” Tapia y a Pablo Toviggino en el centro de la escena— empezó a derramar hacia el interior. En Tucumán, el conflicto ya no se lee sólo como fútbol: se interpreta como una disputa de poder que se mezcla con la interna del peronismo provincial y, de rebote, con la guerra nacional entre Javier Milei y la conducción del fútbol.
Mientras Darío Zamoratte sale a bancar a Tapia y a Toviggino desde la Liga Tucumana, Mario Leito eleva un reclamo formal por arbitrajes y recibe una respuesta con tono de advertencia. Y en el medio, Jaldo y Manzur aparecen como telón de fondo: cada uno con su libreto, sus vínculos y sus contradicciones.
AFA bajo presión: Justicia, fondos y un clima de “cierre de filas”
En menos de un mes, la AFA acumuló novedades que explican por qué la discusión se politizó.
Por un lado, la Justicia citó a indagatoria a Tapia y a Toviggino y les impuso una prohibición de salida del país, en una causa originada por una denuncia de ARCA. La investigación apunta a presuntas retenciones de aportes previsionales e impuestos no depositadas en término por un monto superior a $19.300 millones, entre marzo de 2024 y septiembre de 2025, y también incluye a otros directivos de la entidad.
Por otro lado, avanzó la causa “internacional” por fondos del negocio exterior: auditorías sobre movimientos bancarios de la AFA desde 2021, pedidos de información a bancos y seguimiento del circuito de TourProdEnter (agente comercial en el exterior), con transferencias hacia sociedades radicadas en Miami. La investigación periodística y el expediente judicial describen un entramado de empresas sin actividad comprobable, con montos bajo sospecha que ya superan los U$S 50 millones.
En ese cuadro, la conducción del fútbol tiende a hacer lo que siempre hace cuando se siente atacada: cerrar filas. Y ahí aparece Zamoratte.
Zamoratte banca a Tapia y Leito se planta: el conflicto tucumano que subió de categoría
Darío Zamoratte, vicepresidente de la Liga Tucumana, publicó un mensaje directo para respaldar a Tapia. Apuntó contra el “Grupo Clarín”, sostuvo que se intenta “instalar” una imagen negativa y remató con una frase que buscó ordenar el campamento: “todos los dirigentes” están con Tapia y con Toviggino, y pidió que “dejen de mentir”. No fue un matiz: fue una toma de posición.
En paralelo, Atlético Tucumán llevó su bronca a papel membretado. Tras la polémica arbitral ante Instituto, el club decidió formalizar un reclamo en AFA para que Fernando Espinoza no vuelva a dirigirlo. Leito viajó a Buenos Aires con el respaldo de un “análisis interno” del partido y con un argumento que, en AFA, se interpreta como desafío: “defender el patrimonio deportivo” del club.
La respuesta no tardó: Toviggino contestó en redes con ironía y con una frase que, por antecedentes, se lee como apriete (“el que más pide… primero”). La Gaceta recordó que en 2023 ya hubo un cruce similar y que el propio Toviggino dejó una advertencia casi calcada. Traducido: Leito no discute sólo un penal; está discutiendo poder.
Jaldo-Manzur y Milei-Tapia: cuando el fútbol se convierte en una interna con tribuna
Acá aparece el “enredo” tucumano.
Leito es un dirigente históricamente vinculado al manzurismo y su apellido viene orbitando el tablero nacional del fútbol desde hace años. Manzur, además, tuvo gestos públicos de cercanía con Tapia cuando era gobernador: lo recibió en Casa de Gobierno y lo distinguió formalmente. Ese pasado vuelve como búmeran: hoy, con Tapia y Toviggino acorralados por causas y con el Gobierno nacional empujando su ofensiva contra la AFA, cualquier movimiento de Leito se lee también como mensaje político.
Del otro lado, Zamoratte no es un “actor neutral”: su recorrido en el fútbol local lo conectó con la política institucional tucumana (reuniones, respaldos, gestiones), y su defensa de Tapia encaja con el reflejo clásico de las ligas del interior: sostener al Consejo Federal —y por lo tanto a Toviggino— como estructura de poder.
Y en el plano nacional, Milei mantiene una disputa de fondo con la AFA por el modelo de clubes y la puerta a las SAD, además del control institucional y la batalla cultural contra lo que llama “casta”. Ese choque, con capítulos en la IGJ, la Justicia y el barro mediático, es el marco que hace que cualquier discusión futbolera termine siendo política.
Por eso la pregunta que sobrevuela Tucumán tiene lógica (y un poco de humor involuntario): si Jaldo viene mostrando voluntad de “colaborar con la Nación” en el Congreso y se vende como garante de gobernabilidad, ¿por qué en esta novela no aparece más cerca del libreto de Milei y termina, al menos por clima y por entorno, en la misma tribuna que Tapia y Toviggino? En Tucumán, el fútbol nunca fue sólo fútbol. Pero en 2026 ya es directamente una interna con pelota… y con boleta.
