Las precipitaciones volvieron a castigar con fuerza al norte y al pedemonte tucumano durante el fin de semana. El agua no da respiro, los ríos corren cargados y, en los puntos más sensibles, la infraestructura de contención vuelve a fallar. En ese escenario, el programa “Pre-Lluvia” que el Gobierno exhibe como carta preventiva empieza a mostrar grietas: cuando el temporal aprieta, el plan hace agua por todos lados.
Evacuaciones y ríos al límite: el temporal sigue marcando la agenda
San Pedro de Colalao fue una de las localidades más golpeadas. Allí, la crecida del río Tacanas obligó a una evacuación preventiva de 10 familias que viven en las orillas. Según informó Defensa Civil, con el descenso del caudal pudieron regresar, pero el estado de alerta no se levantó: en Trancas se mantiene la asistencia a vecinos que temen nuevos frentes de tormenta.
El dato que inquieta no es sólo el número de evacuados: es la persistencia. Lluvias intensas, con picos de precipitación en pocas horas, se repiten en ciclos cada vez más cortos. Y cuando el agua no afloja, lo que ayer fue “contingencia” rápidamente se vuelve rutina de emergencia.
Lules, otra vez: defensas dañadas y trabajos que se repiten mes a mes
En Lules la postal se repite como un déjà vu. Cerca de la zona del puente, la situación fue descrita como crítica: la lluvia en la vertiente oriental del Aconquija hizo crecer al río Lules, que bajó con árboles y sedimentos y golpeó de lleno las defensas levantadas por Vialidad.
La respuesta oficial fue inmediata: máquinas y personal trabajando para contener el avance del agua. Pero el detalle que desnuda el problema es otro: esas tareas, según los reportes, ya se habían hecho “hace apenas un mes”. O sea, no se trata sólo de reparar: se trata de volver a hacer lo mismo, una y otra vez, como si la obra nunca terminara de cumplir su función cuando el río crece en serio.
A esa presión se suma el efecto dominó en los cauces principales. Con el aporte de agua desde el norte tucumano y el sur de Salta, el dique El Cadillal comenzó a erogar de manera paulatina desde la medianoche, lo que incrementa el caudal del río Salí. Defensa Civil pidió evitar actividades en cercanías de la rivera para prevenir accidentes. Es otra señal de una provincia operando al borde, con sistemas que pasan del “control” al “cuidado extremo” en cuestión de horas.
Del relato preventivo a la realidad: el Plan Pre-Lluvia, bajo la lupa
El Gobierno viene sosteniendo que el “Pre-Lluvia” es la herramienta clave para llegar al verano con canales limpios, defensas reforzadas y capacidad de escurrimiento. En comunicados oficiales se resaltaron operativos de limpieza y mantenimiento de desagües estratégicos —como el Canal Sur— y se insistió en que el plan busca “prevenir anegamientos”.
También hubo respaldos políticos explícitos: a fines de enero, desde el propio esquema provincial se defendió que el programa evitó consecuencias mayores en Lules durante el temporal de ese momento. Incluso se llegó a afirmar que la ausencia de evacuados era parte del “resultado” del plan.
El problema es que la realidad no está discutiendo en un comunicado: está bajando por el cauce. Si las defensas del río Lules se dañan otra vez, si hay que reingresar maquinaria para repetir trabajos recientes, y si las familias deben salir de sus casas por la amenaza del agua (como ya ocurrió este verano en la zona), la pregunta cae por su propio peso: ¿el Pre-Lluvia alcanza para eventos extremos o sólo ordena la previa de una emergencia que igual termina explotando?
En el mejor de los casos, el programa funciona como contención parcial: reduce daños en algunos puntos, pero se queda corto donde el río pega con más fuerza. En el peor, opera como parcheo permanente: una sucesión de intervenciones que llegan tarde, se rehacen a los pocos días y no resuelven el fondo.
La temporada dejó un mensaje claro: cuando las lluvias no cesan, Tucumán no necesita un plan que aguante un verano “normal”. Necesita obras y un esquema hidráulico pensado para lo que ya está pasando.
