Política

CGT vs Jaldo: del “entreguista” al “puestos a dedo” y la duda que crece en Tucumán: ¿se vienen más paros?

El choque entre la CGT y Osvaldo Jaldo dejó de ser un cruce de declaraciones y empezó a funcionar como termómetro político y social en la provincia. Con la reforma laboral del Gobierno nacional entrando en su tramo decisivo en el Senado, la central obrera endureció el discurso, apuntó directamente al gobernador tucumano y avisó que la pelea ya no se juega sólo en el Congreso: también se traslada a la calle, a los lugares de trabajo y a los tribunales.

En Tucumán, la pregunta inevitable es si ese clima puede traducirse en una escalada de medidas de fuerza locales en las próximas semanas, justo cuando además se discuten paritarias estatales y se asoma un conflicto docente por el inicio de clases.

“No tienen que nombrar más a Perón”: la CGT sube el tono y pone a Jaldo en la mira

Octavio Argüello, dirigente de Camioneros e integrante de la conducción de la CGT, disparó con munición gruesa contra Jaldo por el respaldo político de sus legisladores a la reforma laboral. Lo acusó de “traicionar” al peronismo y lo ubicó dentro del grupo de gobernadores “dialoguistas” que, según la central, negocian con la Casa Rosada a cambio de obras y financiamiento.

La frase que más retumbó en Tucumán fue el mensaje directo al PJ provincial: “No tienen que nombrar más a Perón”. Y no quedó ahí: el sindicalista anticipó costo electoral y dijo que “el pueblo tiene memoria”, en un intento de convertir el debate laboral en una factura política.

Respuesta del Gobierno: “prudencia”, no descuentos y paritarias en marcha, pero con reclamos duros

Jaldo viene combinando dos movimientos: por un lado, cuestiona a la conducción sindical con dureza (llegó a decir que son “puestos a dedo”) y relativiza la utilidad de los paros; por otro, busca desactivar tensión en el territorio con gestos de gobernabilidad local.

En esa línea, el Ejecutivo provincial sostuvo que no descontará el día a los estatales que adhieran a medidas nacionales, marcando distancia de la postura del Gobierno central. Y, al mismo tiempo, abrió formalmente la negociación salarial 2026 con los gremios estatales, donde ya se escucharon pedidos concretos: recomposición no menor al 10%-12%, sumas fijas para compensar subas del Subsidio de Salud y reclamos para que los aumentos no lleguen “en cuotas”.

Este punto es clave: aunque la pelea mediática sea por la reforma laboral nacional, la chispa provincial muchas veces prende por el bolsillo.

¿Se pueden incrementar las medidas de fuerza en Tucumán? Tres señales que empujan el conflicto

Hoy hay indicios reales de que el conflicto puede escalar, aunque el ritmo dependerá de dos variables: qué pase con la reforma en el Senado y qué oferta salarial termine poniendo el Gobierno provincial sobre la mesa.

Primera señal: la CGT ya habla de sostener la pelea “hasta el último minuto” y de mudarla al plano judicial y territorial. En traducción tucumana: más presión desde las regionales, más presencia en la calle y más “paro activo” si el sindicalismo decide endurecer.

Segunda señal: el transporte ya fue herramienta de alto impacto. La UTA Tucumán confirmó adhesión a paros nacionales contra la reforma, y cada vez que el transporte se frena, la protesta se amplifica sola: trabajadores que no llegan, comercios que cierran, escuelas y oficinas a medias. Eso vuelve más probable que cualquier nueva convocatoria tenga efecto “provincia paralizada”.

Tercera señal: el calendario educativo y estatal mete tensión extra. ATEP ratificó adhesión al paro nacional docente del 2 de marzo, que puede afectar el arranque del ciclo lectivo. En paralelo, ATE y otros gremios estatales vienen elevando el tono con datos duros sobre pérdida de poder adquisitivo y reclamos de regularización laboral. Si la negociación salarial empantana, la discusión “nacional” se mezcla con la “provincial” y el conflicto crece por suma de frentes.

En síntesis: sí, las medidas de fuerza pueden incrementarse en Tucumán. No porque el paro sea inevitable mañana, sino porque se alinearon tres factores peligrosos al mismo tiempo: una CGT que endurece, una reforma laboral en momento decisivo y paritarias provinciales abiertas con demandas altas. Si alguno de esos frentes se rompe, el resto empuja.

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