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El narco vuelve a golpear en Tucumán: Famaillá, Monteros y Concepción bajo la sombra de una red cada vez más extendida

El secuestro de más de 470 kilos de cocaína en Tucumán ya no puede leerse como un hecho aislado. El operativo de Gendarmería sobre la ruta nacional 157 abrió una causa de enorme gravedad, no sólo por la cantidad de droga incautada, sino por las conexiones que los investigadores comenzaron a trazar hacia Famaillá, Monteros, Concepción y otras localidades del sur provincial.

La droga fue hallada en una camioneta que circulaba por Río Seco. Iba oculta en bolsas de arpillera verde, detrás de bidones con combustible. El cargamento estaba compuesto por 449 paquetes y superó los 470 kilos de cocaína, una cifra que ubica el procedimiento entre los decomisos más importantes registrados en Tucumán.

El dato más inquietante es que la investigación apunta a una estructura más grande. Ya hay detenidos, nuevos sospechosos en la mira y una pregunta que atraviesa toda la causa: si Tucumán fue apenas un punto de paso o si parte de la droga estaba destinada a abastecer bocas de expendio en el interior.

Un cargamento que expone una logística narco aceitada

El operativo comenzó como un control de rutina, pero terminó revelando una maniobra de alto nivel. La camioneta transportaba la droga bajo una lona, acompañada por bidones de combustible. Para los investigadores, esos elementos no son menores: podrían estar vinculados a maniobras para disimular olores, abastecer una avioneta o marcar una pista clandestina.

La hipótesis del ingreso aéreo tomó fuerza en las últimas horas. En zonas rurales del sur tucumano y de provincias vecinas, los vuelos clandestinos son una preocupación creciente. La cocaína puede bajar en campos alejados, ser descargada rápidamente y luego trasladada por rutas secundarias hasta centros de acopio.

En ese esquema, la camioneta interceptada sería apenas un tramo de la cadena. Por eso la Justicia busca reconstruir el recorrido completo: de dónde salió la carga, quién la recibió, quién ordenó el traslado y cuál era el destino final.

Famaillá otra vez en el centro de la escena

Famaillá vuelve a aparecer como un punto sensible en el mapa narco tucumano. Uno de los detenidos es Marcos Nacif, señalado como conductor del vehículo en el que se trasladaba el cargamento. Luego fue arrestado Rodrigo Chávez, comerciante de esa ciudad y excandidato a concejal, bajo sospecha de tener vinculación con la operación.

La causa también avanzó sobre un tercer sospechoso, un joven empresario de Famaillá ligado a actividades gastronómicas y nocturnas. Según trascendió, la Justicia Federal ordenó su detención al considerar que podría haber tenido un rol dentro de la maniobra investigada.

El impacto en la ciudad es fuerte. No se trata únicamente de nombres propios, sino de un escenario que vuelve a mostrar cómo el narcotráfico busca apoyarse en contactos locales, comercios, movilidad territorial y conocimiento de caminos rurales. Famaillá queda otra vez golpeada por una sospecha que incomoda a vecinos y autoridades: la posible convivencia entre circuitos legales y negocios ilegales.

La marca del delfín y la expansión hacia el sur

Uno de los elementos que más llamó la atención fue el sello encontrado en los panes de cocaína: un delfín. En el ambiente judicial y policial, esa marca es asociada al clan Castedo, una organización vinculada históricamente al tráfico de cocaína desde la frontera norte.

Ese dato eleva la gravedad del caso. Si se confirma la conexión, Tucumán no estaría frente a una banda improvisada, sino ante una trama conectada con estructuras de mayor escala. El sur provincial aparece entonces como zona de tránsito, acopio y posible redistribución.

Monteros, Concepción, Bella Vista, Simoca y otras localidades ya fueron mencionadas en investigaciones anteriores por redes de narcomenudeo. La preocupación es evidente: grandes cargamentos ingresan o atraviesan la provincia, mientras parte de esa droga puede terminar fragmentada en pequeñas dosis que destruyen barrios, familias y jóvenes.

La causa recién empieza, pero el mensaje ya es contundente. Tucumán no puede seguir mirando el narcotráfico como un problema ajeno o lejano. El decomiso de 470 kilos muestra una logística poderosa, conexiones territoriales y una capacidad de circulación que obliga a una respuesta mucho más firme del Estado.

Porque detrás de cada cargamento récord no hay sólo números, detenidos y expedientes. Hay una provincia atravesada por rutas narco, ciudades bajo sospecha y comunidades que reclaman que la droga deje de avanzar mientras la Justicia intenta llegar, una vez más, a los verdaderos responsables.

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