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Jaldo y Manzur ya juegan en veredas opuestas, mientras Chahla mantiene abierta su estrategia

La convocatoria a elecciones provinciales para el 9 de mayo de 2027 no sólo puso en marcha el calendario electoral de Tucumán. También expuso una fractura que ya resulta difícil disimular dentro del peronismo: Osvaldo Jaldo y Juan Manzur dejaron de comportarse como integrantes de un mismo proyecto y comenzaron a construir desde espacios enfrentados.

Mientras el gobernador firmaba el decreto acompañado por Miguel Acevedo y Rossana Chahla, el senador profundizaba sus contactos territoriales y transmitía a sus dirigentes que no existe margen para un entendimiento con la Casa de Gobierno.

En medio de esa disputa aparece la intendenta de San Miguel de Tucumán, una dirigente formada políticamente durante la gestión de Manzur, pero actualmente integrada al esquema institucional de Jaldo. Chahla respalda públicamente la reelección del gobernador, aunque evita definir qué candidatura ocupará y procura conservar una buena relación con quien fue su principal impulsor político.

La fotografía electoral comienza a mostrar así tres posiciones diferentes: Jaldo decidió avanzar, Manzur prepara la confrontación y Chahla intenta transitar entre ambos sin romper definitivamente con ninguno.

Manzur pasó de socio político a potencial adversario

La relación entre Jaldo y Manzur atravesó etapas de enfrentamiento, reconciliación y convivencia obligada. Juntos consiguieron ordenar al peronismo para las elecciones provinciales de 2023, retener la Gobernación y recuperar la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Sin embargo, aquella sociedad parece haber llegado a su final.

El exgobernador transmite en sus reuniones que pretende competir nuevamente por el poder provincial y que está dispuesto a hacerlo por fuera de la estructura formal del Partido Justicialista. La decisión implicaría dividir el voto peronista y enfrentar directamente al oficialismo conducido desde la Casa de Gobierno.

Mientras Jaldo anunciaba la fecha electoral, Manzur mantenía encuentros con dirigentes de la Capital y del interior. Según las versiones que circulan dentro de su espacio, ya trabaja con varios partidos y analiza candidatos para cubrir los cargos que estarán en disputa en toda la provincia.

El manzurismo también estudia cuestionar judicialmente una nueva postulación del gobernador. Sus dirigentes consideran que existe margen para discutir la interpretación constitucional que habilitaría a Jaldo a buscar otro mandato al frente del Poder Ejecutivo.

En la Casa de Gobierno aseguran que esa amenaza no modifica los planes oficiales. Jaldo sostiene que está constitucionalmente habilitado y que su situación es comparable con las reelecciones protagonizadas anteriormente por José Alperovich y el propio Manzur.

La pelea, por lo tanto, no será solamente electoral. También puede trasladarse al terreno partidario y judicial. El gobernador ya advirtió que, si no existe unidad dentro del PJ, las diferencias deberán resolverse mediante elecciones internas y “a la luz del día”.

El mensaje tiene un destinatario evidente: Manzur podrá construir, recorrer y disputar, pero no debería esperar que el jaldismo le entregue espacios mediante una negociación reservada.

Chahla respalda a Jaldo, pero no termina de cerrar todas las puertas

Rossana Chahla quedó ubicada en el centro de esa disputa. Su historia política está estrechamente vinculada con Manzur, quien la designó ministra de Salud en 2015 y posteriormente impulsó su llegada a la Cámara de Diputados y su candidatura a intendenta.

Sin embargo, la jefa municipal acompañó a Jaldo durante la firma del decreto electoral y ratificó públicamente que trabajará por la reelección de la fórmula integrada por el gobernador y Miguel Acevedo.

Chahla afirmó que su única perspectiva para 2027 es respaldar la continuidad del actual Gobierno provincial. También negó que esté trabajando para una candidatura de Manzur o para algún proyecto destinado a enfrentar al oficialismo.

Pero su definición tuvo un límite. La intendenta no confirmó si buscará renovar su mandato en San Miguel de Tucumán y sostuvo que colaborará “desde el lugar que le toque”. Esa frase, lejos de cerrar las especulaciones, dejó abiertas diferentes interpretaciones.

La primera posibilidad es que procure conservar la intendencia, el principal distrito electoral de Tucumán y una plataforma política propia. La segunda es que espere una eventual complicación judicial para Jaldo y busque quedar posicionada como alternativa para la Gobernación. Una tercera hipótesis la ubica dentro de alguna construcción nacional del peronismo.

A esa indefinición se suma su decisión de sostener que mantiene una “muy buena relación” con Manzur. La aclaración puede ser entendida como una muestra de gratitud hacia quien promovió su carrera, pero también como un intento de evitar una ruptura definitiva antes de conocer cómo se ordenará el tablero.

Chahla está con Jaldo, al menos públicamente, pero todavía no explicó con precisión qué rol pretende ocupar. Esa ambigüedad le permite conservar margen de maniobra, aunque también genera desconfianza entre quienes esperan un alineamiento sin matices.

El riesgo de esperar demasiado para elegir una posición

La estrategia de Chahla puede resultar útil mientras Jaldo y Manzur continúen midiendo fuerzas. El problema aparecerá cuando ambos exijan definiciones concretas, candidaturas, estructuras y dirigentes comprometidos con cada proyecto.

Para Jaldo, la Capital será un territorio decisivo. Necesitará que la Municipalidad, los concejales, los legisladores y los referentes barriales trabajen activamente por su reelección. Un acompañamiento discursivo, sin despliegue territorial, podría resultar insuficiente frente a una oposición competitiva y a un manzurismo dispuesto a dividir al peronismo.

Manzur, por su parte, podría intentar aprovechar los vínculos históricos que conserva dentro del entorno político de la intendenta. Aunque Chahla aseguró que no apoyará una candidatura enfrentada al Gobierno provincial, la permanencia de canales abiertos con el senador continuará alimentando sospechas.

La intendenta enfrenta además su propio desafío electoral. Un distanciamiento con Jaldo podría privarla del respaldo de la estructura provincial para defender la Capital. Pero una ruptura completa con Manzur también podría alejar a dirigentes que participaron de su llegada al municipio.

Por ahora, Jaldo tomó la iniciativa. Fijó la fecha, ratificó su intención de continuar y colocó a sus aliados frente a la necesidad de ordenar sus planes. Manzur respondió acelerando su armado y preparando una disputa que amenaza con romper definitivamente al oficialismo.

Chahla, en cambio, permanece en una zona intermedia: afirma que jugará para Jaldo, conserva su relación con Manzur y todavía no revela qué pretende para sí misma. Esa posición puede ofrecerle flexibilidad durante algunos meses, pero difícilmente pueda sostenerse hasta el cierre de las listas.

En una interna que se encamina hacia una confrontación abierta, llegará un momento en que no alcanzará con acompañar la fotografía institucional. La intendenta deberá decidir dónde, cómo y con quién jugará la elección más importante para el futuro del peronismo tucumano.

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