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“Cara i’ Gota”, otra vez detenido: ¿por qué siempre vuelve a quedar en libertad?

Santiago Villafañe, conocido como “Cara i’ Gota”, volvió a quedar tras las rejas. Esta vez se presentó acompañado por su abogado en una dependencia policial de Tafí Viejo después de que se librara una orden de detención en su contra por una causa de abuso de arma de fuego.

Su nombre no es nuevo para policías, fiscales, jueces ni vecinos del barrio Oeste II. Tampoco es la primera vez que queda detenido.

Hace más de tres años, Villafañe ya había sido capturado por orden judicial en una causa mucho más grave: el homicidio de Daniel Omar “Fierrito” Luna, ocurrido durante un violento enfrentamiento armado en el barrio Oeste II.

En aquella oportunidad, la Justicia consideró que existían razones suficientes para mantenerlo preventivamente detenido. Sin embargo, poco después su defensa consiguió revertir esa medida y volvió a quedar en libertad.

Ahora su nombre aparece nuevamente en una investigación vinculada a disparos y violencia en el mismo sector de la Capital.

La sucesión de episodios deja instalada una pregunta que atraviesa desde hace años los reclamos por inseguridad en Tucumán: ¿por qué una persona investigada reiteradamente en causas graves puede recuperar la libertad y volver a aparecer tiempo después en una nueva investigación?

La respuesta es jurídicamente más compleja que el concepto de “puerta giratoria”, aunque para los vecinos que conviven con las balaceras la diferencia puede resultar difícil de entender.

En 2023 lo detuvieron por un homicidio y después recuperó la libertad

Uno de los antecedentes judiciales más importantes de Villafañe se remonta a junio de 2023. La Justicia ordenó entonces detenerlo en el marco de la investigación por el crimen de “Fierrito” Luna, asesinado en noviembre de 2022 durante un enfrentamiento armado registrado en Perú al 4.200.

Los investigadores no pudieron encontrar inicialmente a Villafañe en los domicilios allanados. Finalmente fue capturado cuando intentaba ingresar al estadio de San Martín para presenciar un partido. La Fiscalía lo imputó por homicidio en riña agravado por el uso de arma de fuego. Pero había un elemento todavía más delicado.

Durante aquella investigación se incorporaron testimonios según los cuales Villafañe habría amenazado o condicionado a personas para modificar declaraciones relacionadas con el crimen. La acusación sostuvo que existía temor entre los vecinos y que algunos testigos incluso solicitaban protección.

La auxiliar fiscal Luz Becerra pidió que permaneciera detenido precisamente por ese riesgo.

El juez Federico Moeykens hizo lugar al planteo y ordenó tres meses de prisión preventiva. Entre sus argumentos tuvo en cuenta la complejidad de la investigación y la posibilidad de que testigos o víctimas fueran amedrentados.

Sin embargo, Villafañe no permaneció preso hasta el juicio. Su defensa impugnó la resolución y consiguió posteriormente que se le concediera la libertad. La causa continuó abierta y él siguió vinculado al proceso.

Ese dato resulta central para entender qué ocurrió. La prisión preventiva no es una condena anticipada. Es una medida cautelar que puede aplicarse mientras se desarrolla una causa cuando existen determinados riesgos procesales, como peligro de fuga o posibilidad de entorpecer la investigación.

Y puede ser revisada por un tribunal superior. Eso fue precisamente lo que ocurrió con “Cara i’ Gota”: un juez consideró que debía permanecer encerrado; su defensa recurrió la decisión y consiguió revertirla.

Causas, acusaciones y una diferencia decisiva: no es lo mismo estar imputado que condenado

Durante aquella audiencia de 2023 surgió además otro dato que ayuda a comprender la situación.

La Fiscalía informó que Villafañe tenía otras causas en trámite vinculadas con narcomenudeo, amenazas a vecinos y que incluso había llegado a instancia de juicio en otro expediente relacionado con lesiones y homicidio.

Pero la acusadora hizo una aclaración fundamental: hasta ese momento no registraba condenas. Ese es uno de los puntos que suelen generar mayor incomprensión social.

Una persona puede acumular denuncias, investigaciones, imputaciones y hasta prisiones preventivas sin que ninguna de esas circunstancias equivalga automáticamente a una condena firme.

Mientras no exista una sentencia, rige el principio de inocencia. Eso impide que el Estado mantenga indefinidamente encarcelada a una persona simplemente porque tenga otras causas abiertas o porque sea señalada reiteradamente por investigadores.

Pero el funcionamiento legal del sistema no elimina otro interrogante igualmente válido: ¿qué ocurre cuando diferentes investigaciones, a lo largo de los años, vuelven una y otra vez sobre la misma persona y los mismos escenarios violentos?

Villafañe aparece desde hace tiempo mencionado en expedientes y crónicas judiciales relacionados con el conflictivo barrio Oeste II.

En 2025, durante una serie de procedimientos vinculados con otra investigación, la Policía allanó su vivienda y encontró casi un centenar de envoltorios con cocaína. En ese momento los investigadores sostenían que era la primera ocasión en la que se secuestraba droga que presuntamente podía vincularse directamente con él.

En 2026, su nombre volvió al centro de las investigaciones por la histórica disputa que, según pesquisas policiales y testimonios recogidos durante años, enfrenta a dos grupos del barrio Oeste II.

Y ahora volvió a quedar detenido.

Otra balacera, otra orden de captura y nuevamente la Justicia ante el mismo desafío

El episodio más reciente se originó después de una serie de hechos violentos en el Oeste II.

A fines de agosto volvieron a escucharse disparos en una zona que desde hace años aparece atravesada por enfrentamientos entre grupos enfrentados. La Policía realizó siete allanamientos, secuestró armas, cartuchos y municiones y detuvo a otro sospechoso.

Villafañe era buscado. Finalmente, este domingo se presentó en Tafí Viejo acompañado por su abogado, Pablo Cuezzo. La orden vigente está relacionada con una investigación por abuso de arma de fuego. Su defensor sostiene que la causa se originó en la denuncia de una persona particular y rechaza que su cliente haya participado del hecho.

También afirmó que Villafañe decidió ponerse a disposición de la Justicia apenas tomó conocimiento formal del pedido de detención.

Ahora deberá realizarse una audiencia en la que la Fiscalía formalizará la acusación y podrá solicitar medidas de coerción. Será nuevamente un juez quien determine si existen elementos suficientes para mantenerlo privado de la libertad mientras avanza la investigación.

Y allí regresará el interrogante.

Porque la Policía puede allanar, perseguir y detener. Los fiscales pueden investigar y pedir prisión preventiva. Pero finalmente son los jueces quienes deben resolver, dentro de los límites del Código Procesal Penal, si una persona espera el juicio dentro o fuera de una cárcel.

En el caso de Villafañe, ese circuito ya ocurrió antes.

En 2023 fue buscado, detenido e imputado por una muerte. La Fiscalía sostuvo que podía influir sobre testigos. Un juez ordenó mantenerlo preso. La defensa apeló y consiguió su libertad.

Tres años más tarde, el Estado vuelve a tenerlo detenido en otra investigación donde aparecen nuevamente armas de fuego y el barrio Oeste II como escenario.

No significa que sea culpable del nuevo hecho. Eso deberá probarlo la Fiscalía.

Pero tampoco puede ignorarse la pregunta que surge detrás de la repetición.

Cuando un acusado aparece una y otra vez relacionado con investigaciones graves, el problema deja de ser únicamente policial. También obliga a revisar cuánto demoran las causas en llegar a juicio, qué ocurre con las prisiones preventivas, por qué algunas acusaciones no terminan en condenas y qué herramientas tiene la Justicia para evitar que investigaciones que se prolongan durante años terminen perdiendo eficacia.

Los vecinos del Oeste II conocen las consecuencias de esa demora de una manera mucho menos abstracta.

Ellos no hablan de medidas cautelares, impugnaciones ni riesgos procesales. Hablan de tiros. Y mientras la Justicia vuelve a decidir qué hacer con “Cara i’ Gota”, la pregunta que queda flotando en el barrio es mucho más sencilla: si ya estuvo detenido antes, ¿qué falló para que tres años después todo vuelva a empezar?

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