La postal de este lunes en Los Nogales fue tan cruda como repetida en la Argentina productiva: una fábrica con historia, portones cerrados, y decenas de familias sin respuesta. Panpack SA, fabricante de bolsas para la industria y proveedor clave del complejo azucarero, bajó la persiana tras más de medio siglo de actividad. El golpe se explica por una combinación que asfixia: importaciones cada vez más fáciles de traer y una estructura de costos locales donde la presión impositiva también pesa.
Portones cerrados, sin luz y sin telegramas
Los trabajadores llegaron para el turno de las 6 de la mañana y se encontraron con un escenario que suena a final abrupto: acceso bloqueado por seguridad, planta sin suministro eléctrico y despidos comunicados “de palabra” durante el fin de semana. Sin telegramas en la mano, fueron con su delegado gremial a radicar la denuncia en la comisaría local.
Panpack no era una firma más. En sus mejores años llegó a emplear a unas 300 personas y supo operar bajo el nombre Panam. La crisis venía escalando: a fines de julio del año pasado ya había ocurrido una primera tanda de 25 despidos y, hacia fin de 2025, la empresa entró en concurso preventivo para evitar el colapso.
Nación: apertura comercial sin red para la industria del interior
Dentro de la planta y en el entorno industrial se repite una explicación: “no se puede competir” con productos importados que llegan con precios más bajos. Panpack lo sintió en carne propia: perdió rentabilidad y terminó quedándose sin aire para sostener producción y empleo.
El cierre ocurre en un contexto nacional donde la apertura importadora se volvió política central. Informes periodísticos basados en documentación oficial contabilizan decenas de normas y un paquete de medidas orientadas a facilitar el ingreso de bienes del exterior, con el objetivo declarado de aumentar la competencia y presionar a la baja los precios internos. A eso se sumaron decisiones puntuales de reducción de aranceles en rubros industriales sensibles, como el textil y el calzado, que marcaron el rumbo general: importar más fácil, más barato y más rápido.
Para una fábrica del interior que compite por precio, ese “nuevo orden” funciona como sentencia si no hay amortiguadores: crédito accesible, reglas graduales, controles contra subfacturación y una estrategia productiva que no deje a las pymes solas contra gigantes globales.
Provincia: alivios selectivos y un sistema de impuestos que sigue encareciendo
Del otro lado del mostrador, la Provincia suele responder que la apertura no la decide Tucumán. Incluso funcionarios han remarcado que el margen provincial se limita a “aliviar” con exenciones o alícuotas especiales para determinados sectores. Pero ahí aparece la otra parte de la culpa compartida: el esquema impositivo local sigue siendo señalado como un costo que encarece producir y contratar, especialmente por tributos distorsivos como Ingresos Brutos y por tasas municipales que se cobran en cascada.
No es una crítica menor: desde el análisis económico local se viene describiendo a Ingresos Brutos como “el peor impuesto del sistema” por su efecto sobre precios y competitividad. Y desde el empresariado industrial se insiste, a nivel país, con el reclamo de bajar impuestos provinciales y tasas municipales porque, sin esa corrección, la industria queda expuesta y cara frente a lo importado.
Con Panpack, el resultado fue el peor: 75 despidos de golpe, incertidumbre para la zafra 2026 (la firma ya había advertido que no podría abastecer las bolsas tradicionales para los ingenios) y otra señal de alarma sobre el entramado industrial tucumano.
