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La Madrid vuelve a quedar bajo el agua y crece la desesperación en el barrio Deportivo

En el barrio Deportivo de La Madrid, la angustia volvió a instalarse con fuerza después de una nueva crecida que dejó casas anegadas, muebles arruinados y familias obligadas a empezar otra vez. Entre los casos más dramáticos aparece el de María Mendoza, una enfermera viuda y madre de dos hijos, que por segunda vez en pocos días vio cómo el agua entraba a su vivienda y se llevaba lo poco que había logrado recuperar.

La escena en su casa resume el impacto del temporal: barro en las paredes, humedad en cada ambiente, objetos destruidos y una sensación de derrota que atraviesa a todo el vecindario. Después de varios días de limpieza tras la primera inundación, la mujer creyó que lo peor había pasado. Pero una nueva crecida del río Marapa volvió a dejar su vivienda bajo agua.

El avance del Marapa profundizó los daños

Según relataron los vecinos, el desborde volvió a castigar con fuerza a esa zona del sur tucumano. En varias viviendas el agua alcanzó alrededor de 50 centímetros y terminó de arruinar camas, roperos, sillas, electrodomésticos y utensilios. En el barrio, además, persiste el barro acumulado, el deterioro de las calles y la dificultad para retomar una vida normal.

Ramón Mendoza, hermano de María, también sufrió severas pérdidas. En su casa, la correntada rompió vidrios y hasta derribó una pared del fondo. Los habitantes de la zona aseguran que la fuerza del agua modificó incluso la fisonomía del lugar, abriendo nuevos surcos y dejando a varias familias en una situación todavía más frágil.

Entre el dolor y la sensación de abandono

El drama también golpea a los más chicos. Martina, de 10 años, hija de Ramón, perdió su mochila, sus útiles y buena parte de sus pertenencias escolares. Tras haber sido evacuada junto a otros familiares, regresó con nuevos elementos, pero con la tristeza de haber dejado atrás aquello que había estrenado hacía poco tiempo.

En medio de ese panorama, crece entre los vecinos una sensación de impotencia. Muchos aseguran que ya no pueden vivir con tranquilidad, porque no terminan de limpiar ni de recomponer sus hogares cuando una nueva lluvia vuelve a poner todo en riesgo. En el barrio Deportivo, donde el agua tardó más en bajar y volvió a ingresar primero, la reconstrucción parece chocar de frente con el miedo a otra inundación.

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