Rossana Chahla construyó su perfil político sobre una presencia constante: actos, anuncios, recorridas, videos y redes activas como sello de gestión. Pero en medio de los problemas que dejaron las lluvias en San Miguel de Tucumán, esa lógica pareció alterarse. Mientras el municipio difunde operativos, relevamientos y asistencia en los barrios afectados, la figura de la intendenta fue perdiendo centralidad en las comunicaciones más recientes y el peso de la escena pública quedó en manos de sus funcionarios.
El contraste se ve con claridad en la propia secuencia oficial. Cuando la capital seguía lidiando con anegamientos, obras de emergencia y asistencia territorial, las vocerías quedaron concentradas en Camila Giuliano, Rodrigo Gomez Tortosa y Rubén Fernández. La gestión siguió hablando, pero ya no con la voz principal.
Funcionarios en la calle, pero sin la jefa poniendo la cara
La nota oficial publicada este 18 de marzo sobre el relevamiento puerta por puerta en barrios afectados muestra con nitidez ese corrimiento. Allí, quienes explican el operativo y hablan con la prensa son Gomez Tortosa y Fernández. La intendenta aparece mencionada de manera indirecta, como la autoridad que “pidió” continuar los trabajos, pero no como protagonista visible del despliegue. El día anterior había pasado algo parecido: la supervisión de obras en canales y desagües quedó a cargo de la secretaria de Gobierno, mientras otros funcionarios defendían la presencia territorial del municipio.
Ese esquema no sería llamativo en una gestión cualquiera. Pero sí lo es en una administración que hizo del contacto directo, la omnipresencia comunicacional y la exposición personal una marca registrada. Por eso, más allá de que el municipio efectivamente esté moviendo maquinaria, agentes y equipos sanitarios, lo que empieza a hacer ruido es otra cosa: la ausencia de Chahla en el centro de una crisis que exige algo más que partes de prensa. Exige conducción visible.
Cuando la gestión habla, pero la política se esconde
En política, a veces el problema no es sólo lo que se hace, sino quién se hace cargo. Y en una emergencia, poner funcionarios a explicar puede ordenar la gestión, pero no reemplaza el costo político de dar la cara. Chahla había elegido estar al frente cuando se trató de anunciar medidas o encabezar reuniones. Sin embargo, cuando el barro, los reclamos y la bronca vecinal empezaron a ganar terreno, su exposición se redujo y la primera línea quedó tercerizada.
La pregunta entonces no pasa sólo por la asistencia. Pasa por la responsabilidad política. Porque si la intendenta construyó liderazgo desde la hiperactividad mediática, también debería sostenerlo cuando el clima se vuelve adverso. De lo contrario, el mensaje que baja no es el de un municipio presente, sino el de una jefa comunal que, justo cuando más se la necesita, elige correrse de la escena y dejar que otros hablen por ella.
