La reunión que encabezaron Osvaldo Jaldo y Miguel Acevedo con el bloque Justicialista de la Legislatura dejó un mensaje que excede la foto institucional. El oficialismo provincial empezó a ordenar su dispositivo político con una consigna clara: bajar la tensión interna, blindar la gestión y sostener la gobernabilidad en un año atravesado por la discusión electoral.
El encuentro mostró a un peronismo legislativo alineado detrás de la conducción del gobernador y del vicegobernador. La asistencia completa del bloque reforzó esa señal de cohesión y dejó en evidencia que el centro de gravedad del PJ tucumano hoy pasa por la sociedad política entre la Casa de Gobierno y la Legislatura.
El peronismo oficialista se repliega sobre su núcleo duro
En ese armado, la prioridad no parece ser la convivencia plena con todos los sectores del justicialismo, sino la consolidación de un esquema confiable para sostener la gestión y llegar con orden al proceso electoral. La lectura que sobrevuela en el oficialismo es que primero hay que preservar el funcionamiento político e institucional de la Provincia y después discutir candidaturas.
Ese criterio deja corridos del núcleo de decisión a referentes que en otros momentos tuvieron peso central dentro del peronismo tucumano. Juan Manzur no aparece hoy como parte de la mesa que define el rumbo inmediato del espacio. Tampoco el diputado nacional Pablo Yedlin ni Carlos Cisneros, dos dirigentes que en el último tiempo marcaron diferencias con la línea política de Jaldo.
La gobernabilidad como frontera interna
La idea de “priorizar la gobernabilidad” funciona, además, como una frontera interna. El oficialismo la usa para delimitar quiénes están adentro del dispositivo y quiénes quedan afuera de la estrategia central. No se trata sólo de una consigna institucional: es también un criterio de selección política en medio de una interna que no desapareció, pero que el jaldismo busca encapsular.
Así, el almuerzo con los legisladores fue mucho más que una reunión de bloque. Fue una postal de poder y, al mismo tiempo, un anticipo del mapa que quiere construir el oficialismo: un PJ disciplinado, con mando concentrado en Jaldo y Acevedo, y con el manzurismo, Pablo Yedlin y Cisneros lejos del tablero principal donde se toman las decisiones.
