El crimen de Matías Exequiel Véliz volvió a poner el foco sobre la zona sur de la capital tucumana. El joven, de 24 años, fue asesinado de un disparo por la espalda en inmediaciones de Inca Garcilaso y avenida Marina Alfaro, en un episodio que, según las primeras reconstrucciones, se desató tras una discusión con un hombre apodado “Mikilo”.
La escena, además, expone un rasgo cada vez más repetido en la violencia urbana: conflictos que escalan en segundos y terminan a los tiros en plena calle. Véliz caminaba junto a su pareja y su hija cuando fue increpado. Se retiró, volvió al lugar y allí se habría producido el enfrentamiento que terminó de la peor manera. Los vecinos escucharon varias detonaciones y, minutos después, sus familiares lo trasladaron de urgencia al hospital Padilla, donde ingresó sin vida.
Banda del Río Salí, el antecedente inmediato de una semana sangrienta
El caso de Villa Amalia no quedó aislado. Apenas unos días antes, el viernes 27 de marzo, otro homicidio había sacudido a Tucumán. En Banda del Río Salí, Juan Héctor Molina, de 19 años, fue baleado en medio de un enfrentamiento entre dos familias en la esquina de Perú y Saavedra. En el mismo ataque, una niña de 11 años resultó herida por una bala perdida.
Ese episodio dejó al descubierto una trama todavía más inquietante: viejas rivalidades, circulación de armas y participación de menores en hechos de extrema gravedad. La investigación apunta a un conflicto previo entre grupos enfrentados del este tucumano, una dinámica que ya había generado otros episodios violentos y que ahora volvió a terminar con una muerte.
Si se mira la secuencia completa, el panorama se vuelve más preocupante. En menos de una semana, la provincia volvió a registrar dos homicidios consumados en contextos distintos, pero atravesados por un mismo patrón: disputas personales o familiares que derivan en violencia letal.
Entre las estadísticas oficiales y el miedo en los barrios
La seguidilla se produce, además, en un momento de fuerte contraste discursivo. El lunes 30 de marzo, el gobernador Osvaldo Jaldo sostuvo públicamente que Tucumán cerró el primer trimestre de 2026 con una baja de homicidios en comparación con el mismo período de 2025. Sin embargo, la percepción en los barrios va por otro carril.
A los dos crímenes consumados se sumaron en estas horas otros hechos gravísimos: un hombre quedó internado en estado crítico tras un tiroteo en la zona sur de la capital y otro caso fue judicializado como tentativa de homicidio agravado por el vínculo luego de que un hombre estrellara su camioneta contra una vivienda e intentara matar a su pareja. Aunque esos episodios no terminaron en muerte, profundizan la sensación de desborde y alimentan el temor social.
Más allá de lo que muestren las comparaciones interanuales, lo que se impone en la calle es otra postal: discusiones que terminan a los tiros, barrios atravesados por venganzas viejas y una violencia que, por repetición e intensidad, vuelve a instalarse como una de las principales preocupaciones de los tucumanos.
