San Miguel de Tucumán se apresta a recibir a intendentes de todo el país en una cumbre sobre cambio climático, un encuentro con el que la gestión de Rossana Chahla intenta posicionar a la capital dentro de la agenda ambiental. La Municipalidad presentó la reunión como un espacio para debatir políticas públicas, intercambiar experiencias y avanzar en estrategias de mitigación y adaptación frente a los efectos del clima.
La puesta en escena, sin embargo, convive con una realidad mucho menos prolija en las calles. En la antesala de ese evento, una denuncia por la recolección de naranjas en el centro volvió a exponer fallas de control, improvisación y maltrato sobre el arbolado urbano, justo en un terreno que el oficialismo busca convertir en bandera.
La “cosecha salvaje” que dejó al descubierto el desorden
La alarma fue encendida por la Sociedad Amigos del Árbol, que cuestionó la forma en que se realiza la extracción de naranjas en distintos puntos de la capital. Según la denuncia, la tarea se estaría haciendo de manera anticipada, con fruta todavía verde, lo que obliga a sacudir con más fuerza los ejemplares y termina provocando rotura de ramas, caída de hojas y daños evitables.
Las críticas no quedaron solo en el plano técnico. También hubo quejas de vecinos por trabajos realizados durante la madrugada, por los ruidos y por los restos de poda y suciedad que, según advirtieron, quedan desparramados en veredas y calles. La imagen que deja esa escena es la de una ciudad sin supervisión suficiente, donde una intervención urbana sensible se ejecuta sin el orden que exige el cuidado del patrimonio vegetal.
“Aparentemente lo está haciendo gente sin conocimiento y debería haber algún profesional supervisando la cosecha”, sostuvo Pedro Buiatti, presidente de la Sociedad Amigos del Árbol. “Hay mucha fruta verde y eso obliga a sacudir las plantas con mayor violencia, lo que provoca defoliación y rotura de ramas”, explicó. En ese sentido, advirtió que lo que se observa en la vía pública “parece más una poda que una cosecha”, debido a la cantidad de restos de hojas y ramas que quedan dispersos en las veredas y en las calles.
El contraste que incomoda a la gestión municipal
El punto más incómodo para la administración local no es solo la denuncia en sí, sino el contraste político que genera. Mientras la capital se ofrece como sede de un encuentro nacional para discutir políticas frente al cambio climático, puertas adentro queda bajo cuestionamiento por no garantizar una gestión elemental sobre su propio arbolado urbano.
Ese desfasaje entre discurso y realidad le da volumen a las críticas. Porque el problema ya no pasa únicamente por una cosecha mal ejecutada, sino por la señal que transmite una ciudad que habla de sustentabilidad mientras acumula denuncias por descontrol en pleno centro. Para una gestión que busca instalar una imagen de modernización y cuidado ambiental, el episodio abre una pregunta incómoda: de qué sirve el discurso verde si en la calle manda la improvisación.
