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No sólo el PJ: La Libertad Avanza también muestra fracturas en Tucumán

La política tucumana atraviesa una etapa de reacomodamientos silenciosos, pero cada vez menos disimulados. Mientras el Partido Justicialista expone sus propias tensiones por el control del aparato y el armado hacia 2027, La Libertad Avanza también empieza a mostrar fisuras en su construcción provincial.

El nuevo movimiento lo protagonizan Mariano Campero y José Seleme, quienes convocaron a la militancia a un encuentro político que será leído como mucho más que una actividad partidaria. La convocatoria aparece como una señal directa de construcción propia, por fuera de la conducción formal que encabeza Lisandro Catalán en el esquema libertario tucumano.

El dato político está en la puesta en escena. La comunicación del encuentro no pone en primer plano los símbolos partidarios de La Libertad Avanza ni la conducción orgánica del espacio. La centralidad está depositada en las figuras de Campero y Seleme, dos dirigentes con origen radical que en los últimos tiempos se acercaron al proyecto nacional de Javier Milei y comenzaron a disputar un lugar propio dentro del universo libertario local.

La jugada marca una tensión de fondo: en Tucumán, el sello libertario crece en intención de voto y presencia pública, pero todavía no logra resolver quién conduce, quién ordena, quién arma las listas y quién habla en nombre del espacio.

La pelea por el sello, la militancia y las candidaturas

La convocatoria de Campero y Seleme profundiza una interna que venía insinuándose desde hace tiempo. Por un lado, está el sector alineado con Catalán, que intenta sostener la conducción institucional de La Libertad Avanza en la provincia. Por otro, aparecen dirigentes con volumen territorial, experiencia electoral y estructura propia que buscan capitalizar el respaldo social a Milei sin quedar subordinados a una jefatura única.

Campero no es un recién llegado a la política tucumana. Fue intendente de Yerba Buena, tiene recorrido territorial y conserva vínculos con sectores de la UCR y del antiperonismo provincial. Seleme, también proveniente del radicalismo, forma parte de ese grupo de dirigentes que rompieron con la conducción tradicional boina blanca para acercarse al oficialismo nacional.

Esa procedencia común es clave. Ambos conocen la dinámica de los armados locales, saben cómo se construye fiscalización, cómo se convoca militancia y cómo se negocian candidaturas. En una provincia donde la política se define tanto en las urnas como en la capacidad de mostrar tropa, el encuentro libertario buscará medir fuerza propia.

La discusión no es solamente ideológica. Es, sobre todo, de poder. La Libertad Avanza necesita definir si será un partido ordenado verticalmente desde una conducción reconocida o si funcionará como una coalición de sectores que compiten entre sí por el favor de la Casa Rosada y por los futuros lugares en las listas.

En ese contexto, la actividad de Campero y Seleme puede interpretarse como una advertencia: no todos los libertarios tucumanos están dispuestos a aceptar sin discusión el liderazgo de Catalán. Tampoco parecen resignados a ocupar un lugar secundario en el armado opositor de cara a los próximos turnos electorales.

Un espejo para el PJ y una advertencia para 2027

La foto completa muestra que la fragmentación ya no es un problema exclusivo del peronismo. El PJ discute poder, lealtades y sucesión alrededor de Osvaldo Jaldo, Miguel Acevedo, Sergio Mansilla y Juan Manzur. Pero La Libertad Avanza también atraviesa su propia pulseada interna, con dirigentes que buscan apropiarse de una marca electoral potente y transformarla en estructura provincial.

La diferencia es que el peronismo tiene historia, territorio, intendentes, legisladores, comisionados comunales y una maquinaria aceitada para administrar conflictos. Puede pelearse hacia adentro y, aun así, llegar competitivo a una elección. La Libertad Avanza, en cambio, todavía está en etapa de construcción. Cada fractura puede costarle más porque no tiene una estructura consolidada que contenga las diferencias.

Ahí aparece el riesgo para el espacio libertario. Si la interna se ordena, puede convertirse en una alternativa fuerte frente al oficialismo provincial. Pero si la disputa por los liderazgos se descontrola, el crecimiento nacional de Milei podría diluirse en Tucumán entre armados paralelos, candidaturas cruzadas y dirigentes que compiten por la misma porción del electorado.

Para Jaldo, este escenario también tiene una lectura conveniente. Mientras el PJ exhibe tensiones, la oposición tampoco logra mostrarse completamente unificada. El gobernador observa un tablero en el que Manzur intenta volver a convocar sin demostrar todavía una potencia decisiva, Acevedo aparece condicionado dentro del oficialismo y los libertarios empiezan a discutir quién se queda con la lapicera.

La convocatoria de Campero y Seleme será, entonces, una prueba política. No sólo medirá asistencia o entusiasmo militante. También permitirá saber si existe un libertarismo tucumano con capacidad de construir por fuera de Catalán y si esa construcción será complementaria o desafiante.

El dato de fondo es que 2027 ya empezó. En el PJ se mueven piezas para conservar el poder. En La Libertad Avanza, para quedarse con la representación opositora. Y en ambos casos, la palabra unidad empieza a sonar más como una consigna de ocasión que como una realidad garantizada.

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