Rossana Chahla volvió a evitar cualquier definición sobre su futuro electoral. Ante las consultas por una eventual candidatura en 2027, la intendenta de San Miguel de Tucumán aseguró que todavía “no llegaron los tiempos políticos” y procuró colocar la gestión municipal por encima de las especulaciones.
Sin embargo, el silencio de la jefa municipal no alcanza para frenar las versiones que circulan dentro del oficialismo. Mientras Chahla administra los tiempos y evita revelar cuál será su próximo movimiento, desde la Casa de Gobierno aparecen señales dirigidas hacia sectores del alfarismo, antiguo adversario del peronismo en la Capital.
La indefinición se produce, además, en un momento incómodo para la intendenta. Los cuestionamientos por la limpieza, el tránsito, el estado de las calles, el mantenimiento de los espacios públicos y otros problemas cotidianos se multiplican entre vecinos y dirigentes opositores, que buscan instalar la idea de una gestión alejada de las prioridades urbanas.
Una candidatura que Chahla se niega a confirmar
Consultada sobre una posible postulación, Chahla sostuvo que todavía falta mucho para comenzar a discutir candidaturas. “Para lo político tenemos tiempo”, respondió, antes de remarcar que su prioridad pasa por conseguir recursos y soluciones para San Miguel de Tucumán.
La intendenta tampoco quiso mencionar posibles sucesores ni ingresar en la interna del peronismo capitalino. Su respuesta volvió a alimentar el misterio: no confirmó que buscará otro cargo, pero tampoco descartó ninguna alternativa.
La estrategia le permite conservar margen de maniobra dentro del oficialismo. Chahla puede exhibirse concentrada en la administración municipal mientras mantiene abiertas sus posibilidades para 2027, cuando podría intentar la reelección, buscar un lugar en una fórmula provincial o disputar otro cargo.
Detrás de la prudencia pública también aparece una necesidad política. Una candidatura de mayor alcance dependerá, en buena medida, de los resultados que consiga mostrar en la Capital. Por eso, cada reclamo vecinal y cada problema sin resolver comienzan a tener un peso que supera la discusión estrictamente municipal.
Casa de Gobierno abre el juego y envía señales al alfarismo
Chahla ratificó que continuará trabajando junto al gobernador Osvaldo Jaldo y destacó que mantiene un diálogo permanente con el mandatario. Incluso anticipó nuevas reuniones para retomar la agenda conjunta después del receso.
La demostración de unidad, sin embargo, convive con movimientos que generan inquietud en el entorno municipal. La Casa de Gobierno comenzó a mostrar una actitud más receptiva hacia dirigentes y sectores vinculados con el alfarismo, el espacio que condujo la Municipalidad durante ocho años y que fue desplazado por Chahla en 2023.
El acercamiento puede ser interpretado como parte de la estrategia jaldista de ampliar su estructura y sumar aliados con vistas a 2027. También funciona como una señal hacia la intendenta: el respaldo provincial continúa, pero no necesariamente será incondicional ni excluirá acuerdos con antiguos adversarios.
El alfarismo conserva dirigentes, concejales, estructura territorial y conocimiento del electorado capitalino. Para el oficialismo provincial, esos recursos podrían resultar atractivos en una elección en la que la Capital volverá a ser uno de los principales campos de batalla.
La gestión, el terreno donde se definirá su futuro
Chahla insiste en que su prioridad es gobernar y responder a las demandas de los vecinos. Habló de contingencias climáticas, de la necesidad de coordinar con la Provincia y de sostener propuestas culturales, deportivas y recreativas pese a las restricciones presupuestarias.
Pero la apelación a la gestión también expone su principal debilidad. Mientras la intendenta evita hablar de candidaturas, aumentan las críticas por el estado de distintos sectores de San Miguel de Tucumán. La acumulación de residuos, el deterioro de calles, los problemas de tránsito y las deficiencias en el mantenimiento urbano forman parte de un malestar que la oposición intenta capitalizar.
La intendenta había llegado al cargo prometiendo una ciudad más limpia, ordenada, moderna y sustentable. A medida que avanza su mandato, las expectativas iniciales comienzan a contrastarse con los resultados concretos y con la experiencia diaria de los vecinos.
Por ahora, Chahla seguirá jugando al misterio. Ratifica su alianza con Jaldo, evita anticipar su destino electoral y asegura que solamente piensa en administrar la ciudad. Sin embargo, mientras la Casa de Gobierno amplía sus contactos y coquetea con el alfarismo, la intendenta sabe que su futuro político dependerá menos de sus silencios que de las respuestas que consiga brindar en las calles de la Capital.
