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El PJ mueve sus fichas para 2027: Jaldo ordena, Acevedo pierde terreno y Manzur no logra asustar

El Partido Justicialista tucumano comenzó a dar señales de que el armado hacia 2027 ya está en marcha. Lo que en los papeles aparece como un simple cambio administrativo terminó funcionando como un mensaje político de alto voltaje: Ana Escobedo, abogada ligada desde hace años al vicegobernador Miguel Acevedo, fue removida como apoderada del PJ y en su lugar fue designado Pedro Cruz, abogado del presidente subrogante de la Legislatura, Sergio Mansilla.

La decisión, que habría sido tomada a pedido del gobernador Osvaldo Jaldo, cayó como una bomba en el oficialismo. No tanto por el cargo en sí, sino por el momento, las formas y los nombres involucrados. El movimiento se conoció este lunes, pero se habría ejecutado durante la semana pasada, justo cuando Acevedo se encontraba fuera de la provincia.

En política, los tiempos rara vez son inocentes. Por eso, dentro del peronismo muchos leyeron el desplazamiento de Escobedo como una señal directa hacia el vicegobernador. No se trató sólo de correr a una abogada del esquema partidario, sino de sacar de una zona sensible a una persona de extrema confianza de Acevedo y reemplazarla por alguien vinculado a Mansilla, uno de los dirigentes que más poder territorial y legislativo viene acumulando dentro del jaldismo.

El mensaje parece claro: Jaldo empieza a ordenar la mesa partidaria con la mirada puesta en la sucesión, en la conservación del poder y en la definición anticipada de quiénes tendrán voz, firma y capacidad de daño dentro del PJ. En ese tablero, Acevedo aparece cada vez más condicionado.

Traiciones, gestos y una relación que acumula ruido

En público, el oficialismo intentará bajarle el precio al episodio. Dirá que no hay ruptura, que el PJ sigue unido, que todos acompañan al gobernador y que las diferencias son parte natural de cualquier espacio de poder. Pero puertas adentro, el cambio dejó heridas abiertas.

La lectura más fuerte es que Jaldo le quitó a Acevedo una herramienta política justo cuando el vicegobernador no estaba en Tucumán. Ese dato alimentó la idea de una maniobra calculada. En el peronismo, donde los gestos pesan tanto como las declaraciones, remover a una dirigente cercana al titular de la Legislatura en su ausencia fue interpretado por algunos como una señal de desconfianza y por otros, directamente, como una advertencia.

No es la primera vez que Acevedo se encuentra con novedades relevantes al regresar de una licencia. En 2024, Jaldo había mencionado la posibilidad de avanzar con una reforma política que incluso podía tocar aspectos constitucionales mientras el vicegobernador estaba fuera de la provincia. A eso se suman episodios menos visibles, pero repetidos, en los que Acevedo quedó sin margen para capitalizar políticamente actividades de la Legislatura porque debió hacerse cargo del Poder Ejecutivo ante viajes del gobernador.

La lista de gestos acumula ruido. Acevedo no pudo lucirse plenamente durante la sanción del Digesto Jurídico, una iniciativa trabajada durante más de un año y medio. Tampoco pudo capitalizar como esperaba la aprobación de la Ley de Salud Mental, un tema en el que se había involucrado de manera personal. Algo similar ocurrió en abril, cuando el Parlamento del Norte Grande sesionó en Tucumán: el vicegobernador participó de la apertura, pero tuvo que retirarse porque Jaldo viajó y él debió quedar al frente del Ejecutivo.

Ninguno de esos episodios, por separado, alcanza para hablar de ruptura. Todos juntos, sin embargo, construyen un clima. En la Legislatura y en el PJ hay quienes ya no ven casualidades, sino un corrimiento progresivo de Acevedo de los lugares de mayor exposición y control.

La designación de Pedro Cruz también fortalece a Mansilla. El legislador de Aguilares aparece cada vez más afirmado como una pieza central del armado jaldista. Su influencia en la Cámara, su volumen territorial y ahora la llegada de un hombre de su entorno a una función sensible dentro del PJ lo colocan en una posición de privilegio frente a las discusiones que vendrán.

Manzur se mueve, pero ya no ordena como antes

El otro nombre que sobrevuela la interna es el de Juan Manzur. El senador viene manteniendo reuniones con dirigentes del interior, ex funcionarios y caciques peronistas. Sus movimientos despertaron comentarios, pero no necesariamente temor. En el jaldismo aseguran que el ex gobernador convoca menos de lo que pretende mostrar y que su capacidad de ordenar al peronismo tucumano ya no es la de otros tiempos.

Esa es una de las claves del momento. Jaldo parece decidido a cerrar filas antes de que otros sectores empiecen a caminar demasiado. El cambio de apoderado puede leerse, en ese sentido, como parte de una estrategia preventiva: ordenar la estructura partidaria, medir lealtades y dejar en claro que el poder real está en la Casa de Gobierno.

Manzur todavía conserva relaciones, historia, contactos nacionales y llegada a sectores del peronismo tradicional. Pero en Tucumán el peronismo suele moverse detrás de quien administra recursos, cargos y territorio. Hoy ese lugar lo ocupa Jaldo. Y el gobernador parece dispuesto a demostrarlo con hechos, no con discursos.

El problema para Acevedo es que queda en una posición incómoda. No aparece enfrentado al gobernador, pero tampoco logra evitar que le recorten espacios. Públicamente, lo más probable es que el vicegobernador mantenga la prudencia. En el peronismo nadie espera que salga a confrontar. Más bien, se descuenta que apelará a la vieja estrategia de la cara de póker: no mostrar fastidio, no exponer diferencias y seguir acompañando.

Pero la política tucumana ya tomó nota. El PJ empezó a mover las piezas para 2027 y el primer sacudón no fue contra la oposición, sino dentro de la propia casa. Jaldo ordena el partido, Mansilla gana volumen, Acevedo pierde margen y Manzur intenta recuperar centralidad sin demostrar todavía que pueda convocar lo suficiente como para alterar el tablero.

En el fondo, el cambio de apoderado fue apenas una firma. Pero en el peronismo, una firma puede anticipar mucho más que un trámite: puede marcar quién conduce, quién obedece, quién queda bajo sospecha y quién empieza a prepararse para la próxima gran pelea por el poder.

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