El episodio ocurrido en Graneros abrió una fuerte discusión política en Tucumán. La intendenta Raquel Graneros fue abordada por vecinos a la salida de una misa realizada en memoria de un familiar, en medio de reclamos por las consecuencias de las recientes inundaciones.
Desde el peronismo tucumano, la reacción fue inmediata. Intendentes justicialistas y dirigentes del oficialismo expresaron su solidaridad con la jefa municipal y repudiaron lo que consideraron un avance sobre un ámbito íntimo, familiar y religioso.
El planteo tuvo un eje claro: hay límites que no deberían cruzarse en la disputa política. Marta Albarracín, intendenta de Lules, fue una de las dirigentes que salió a respaldar públicamente a Graneros y cuestionó que una situación de duelo haya quedado atravesada por un reclamo público.
Vecinos inundados, entre la bronca y la falta de respuestas
Pero del otro lado de la escena hay una pregunta que empieza a pesar cada vez más: ¿quién se solidariza con las familias que aseguran haber perdido sus pertenencias bajo el agua?
Según relataron vecinos afectados, el grupo se acercó con la intención de entregar una nota y pedir una audiencia con la intendenta. Denunciaron que no lograban ser recibidos en el municipio y que la salida de la iglesia se transformó en una de las pocas oportunidades para intentar plantear cara a cara la situación que atraviesan.
La protesta estuvo marcada por la tensión. Los vecinos reclamaban asistencia, obras y respuestas ante los daños provocados por las lluvias. La intendenta, en tanto, se retiró del lugar custodiada por efectivos policiales, lo que profundizó el malestar de quienes esperaban ser escuchados.
El límite del escrache no puede tapar el reclamo social
La discusión tiene dos planos que no deberían anularse entre sí. Por un lado, el respeto a un momento de duelo familiar. Por el otro, la obligación de una autoridad pública de dar respuestas a vecinos que dicen estar atravesando una emergencia.
La solidaridad política con Raquel Graneros fue rápida, orgánica y contundente. Sin embargo, no apareció con la misma fuerza una señal institucional hacia las familias inundadas, que reclaman contención después de haber perdido bienes básicos y de sentirse abandonadas.
El punto de fondo no es justificar un escrache ni naturalizar que cualquier reclamo pueda irrumpir en cualquier lugar. El punto es que cuando la política sólo se conmueve por el mal momento de una dirigente y no por el drama cotidiano de los vecinos, el mensaje queda incompleto.
Graneros necesita algo más que comunicados de repudio. Necesita asistencia concreta, obras, explicaciones y una intendenta disponible para escuchar. Porque el duelo merece respeto, pero la angustia de quienes perdieron todo también merece solidaridad.
