El inicio de 2026 dejó una señal preocupante para la economía cotidiana de los tucumanos: la provincia encabezó el ranking nacional de caída en ventas de supermercados durante el primer bimestre del año. El dato expone una realidad que se siente en las góndolas, en los changuitos cada vez más livianos y en familias que ajustan sus compras para llegar a fin de mes.
Según los datos difundidos, Tucumán registró una baja real acumulada del 10,9% en las ventas de supermercados entre enero y febrero, el peor desempeño del país. La caída superó incluso a Misiones y Jujuy, otras provincias que también mostraron retrocesos fuertes en el consumo.
Un consumo que no logra recuperarse
La situación tucumana se da en un contexto nacional de retracción. En febrero, las ventas en supermercados cayeron 3,1% interanual en todo el país, aunque en Tucumán el golpe fue mucho más profundo.
En la provincia, la facturación de febrero llegó a $27.858 millones, pero ese monto representó una caída real del 13,2% frente al mismo mes del año pasado. Durante el primer bimestre, las ventas acumuladas alcanzaron los $56.475 millones.
El dato es clave porque los supermercados reflejan una parte sensible del consumo familiar: alimentos, productos de limpieza, bebidas, artículos de higiene y bienes básicos del día a día. Cuando esas ventas caen, no sólo se resiente el comercio; también queda en evidencia que los ingresos no alcanzan para sostener el mismo nivel de compra.
El changuito tucumano, cada vez más limitado
En febrero fueron relevados 28 supermercados tucumanos, donde se registraron 735.443 operaciones. El ticket promedio fue de $37.880, una cifra que muestra cuánto cuesta hoy una compra cotidiana, que no necesariamente garantiza ni por lejos llenar el changuito.
Otro indicador que marca la fragilidad del consumo local es la venta por habitante. En Tucumán fue de $15.664, una de las cifras más bajas del país. Esa diferencia muestra con claridad el deterioro del poder adquisitivo frente a provincias con mejores niveles de ingreso o mayor capacidad de consumo.
El problema no pasa únicamente por los precios. También pesa la pérdida de margen de los hogares tucumanos, que deben repartir sus ingresos entre alimentos, transporte, servicios, alquileres, medicamentos y otros gastos básicos. En ese contexto, la compra en supermercados se vuelve más selectiva: se eliminan productos, se cambian marcas, se buscan promociones o directamente se compra menos.
El costo de vida como límite al bolsillo
La caída en las ventas confirma que el costo de vida se transformó en una barrera concreta para el poder adquisitivo de los tucumanos. El salario puede moverse, pero en muchos hogares no alcanza a compensar la velocidad con la que aumentan los gastos esenciales.
A nivel nacional, sólo algunos rubros lograron esquivar el signo negativo, como carnes, frutas y verduras, indumentaria y alimentos preparados. En cambio, otros sectores, como electrónicos, artículos para el hogar y bebidas, sufrieron retrocesos más marcados.
El escenario deja una conclusión evidente: en Tucumán, el consumo no cae por falta de necesidad, sino por falta de capacidad de compra. Las familias siguen necesitando los mismos productos, pero el bolsillo obliga a priorizar, recortar y postergar.
La provincia arranca el año con una señal de alerta. Si el poder adquisitivo no se recupera, la baja en supermercados puede convertirse en un síntoma más profundo de una economía familiar cada vez más ajustada.
