Tucumán volvió a quedar del lado equivocado de una estadística económica. La tasa de morosidad de la provincia alcanzó en julio el 20,2%, por encima del promedio nacional del 17,94%. Detrás del número aparecen miles de familias que recurren al crédito para sostener gastos cotidianos y que, en muchos casos, ya no consiguen pagar las cuotas que acumularon.
El dato surge del último Mapa de la Deuda, elaborado a partir de la Central de Deudores del Banco Central. En Tucumán, el endeudamiento promedio llegó a $3,91 millones por persona y la deuda en mora promedió los $2,5 millones. En total, los tucumanos acumulan alrededor de $2,7 billones de deuda financiada, de los cuales más de $547.000 millones presentan atrasos.
La pregunta inevitable es por qué Tucumán está peor que la media del país.
No existe una única explicación. Pero detrás del fenómeno aparecen problemas conocidos de la economía provincial: ingresos que no alcanzan, una informalidad laboral elevada, dificultades para generar empleo privado de calidad y una presión tributaria que empresarios y sectores productivos vienen cuestionando. A eso se suma una estructura laboral en la que el Estado continúa ocupando un lugar central como fuente de trabajo.
Mucha deuda y salarios con cada vez menos margen
El problema tucumano no consiste solamente en que haya personas endeudadas. El dato más preocupante es la dificultad creciente para cumplir con esos compromisos.
La provincia registra una mora del 20,2%, más de dos puntos por encima de la media argentina. Tafí del Valle presenta la situación más crítica: allí el 30,3% de la deuda analizada está en mora. En el otro extremo aparece Yerba Buena, con un índice del 12,16%.
La situación se vuelve todavía más delicada entre determinados grupos. Entre los jóvenes de hasta 25 años, por ejemplo, Tafí Viejo presenta niveles de incumplimiento superiores al 40%. Entre los adultos de 61 a 75 años, la mora en Tafí del Valle alcanza el 52%.
Otro estudio difundido recientemente estimó que las familias tucumanas destinan en promedio el 24,1% de sus ingresos salariales registrados al pago de cuotas, tarjetas e intereses, y que el endeudamiento acumulado representa alrededor de dos salarios y medio por hogar.
Es decir, casi uno de cada cuatro pesos que ingresa a determinados hogares ya tiene como destino pagar una deuda anterior.
En ese escenario, el crédito deja de ser una herramienta para comprar un electrodoméstico, un vehículo o realizar una inversión y pasa a utilizarse para llegar a fin de mes, financiar alimentos, servicios o consumos básicos.
Falta de empleo privado y un Estado que sigue siendo uno de los grandes empleadores
Uno de los problemas estructurales de Tucumán sigue estando en el mercado laboral.
Los últimos datos oficiales disponibles ubicaron la desocupación en el 7,1% durante el primer trimestre de 2026. Pero el número que expone con mayor claridad la fragilidad del mercado de trabajo es otro: la informalidad alcanzó el 44,8%.
Eso significa que una enorme porción de los trabajadores tucumanos se mueve por fuera de empleos registrados, con menores niveles de protección y, en muchos casos, ingresos más inestables.
Al mismo tiempo, la administración pública continúa teniendo un peso considerable dentro de la estructura laboral provincial. Los relevamientos oficiales la colocan entre las principales ramas de ocupación de Tucumán.
El problema no es que exista empleo público. El problema aparece cuando el sector privado no consigue expandirse lo suficiente como para convertirse en el verdadero motor de generación de nuevos puestos de trabajo.
Una economía que depende fuertemente del Estado para sostener el empleo queda limitada por la capacidad de las cuentas públicas. Si el Estado no incorpora personal y el sector privado tampoco crece, las oportunidades laborales se reducen.
La propia Unión Industrial de Tucumán volvió a advertir este miércoles sobre ese escenario. En el Día de la Industria reclamó reglas claras, previsibilidad, financiamiento, energía competitiva y condiciones que permitan invertir y generar trabajo genuino.
Sin nuevas empresas y sin expansión de las existentes, el resultado termina llegando al bolsillo: menos posibilidades de conseguir un empleo formal, salarios presionados y mayor necesidad de recurrir al financiamiento.
La presión impositiva también golpea al que produce y al que consume
Al problema laboral se suma otro reclamo persistente del sector productivo tucumano: el peso de los impuestos.
Industriales y empresarios vienen reclamando una reducción de la presión tributaria para poder producir, competir e incorporar trabajadores. Este mismo miércoles, la Unión Industrial de Tucumán volvió a incluir entre sus demandas una “carga impositiva razonable”.
Los impuestos no explican por sí solos que una familia caiga en mora. Pero sí forman parte del entramado económico que determina cuánto cuesta producir, cuánto cuesta vender, cuánto paga finalmente el consumidor y qué capacidad tiene una empresa para invertir o contratar personal.
Cuando a una economía con altos niveles de informalidad y dificultades para generar empleo privado se le suma una estructura tributaria cuestionada por quienes producen, el margen termina achicándose de los dos lados del mostrador.
La empresa tiene más dificultades para crecer y contratar. El consumidor enfrenta precios que incorporan costos e impuestos mientras sus ingresos tienen límites mucho más rígidos.
El resultado aparece ahora en las estadísticas.
Tucumán tiene una tasa de morosidad superior al promedio nacional. Más de $547.000 millones de deuda ya presentan incumplimientos y miles de familias destinan una porción creciente de sus ingresos a cancelar obligaciones tomadas meses atrás.
El endeudamiento, entonces, es apenas el síntoma visible.
Detrás existe una provincia en la que casi la mitad del empleo presenta algún grado de informalidad, el sector privado reclama mejores condiciones para invertir y generar puestos de trabajo, el Estado conserva un enorme protagonismo como empleador y los contribuyentes cargan con impuestos provinciales y municipales que impactan sobre la actividad económica.
Los tucumanos no se endeudan porque quieran vivir por encima de sus posibilidades.
Cada vez más, se endeudan para sostenerlas.
