La discusión no se da en un vacío. En lo que va de 2026, Tucumán ya acumuló lluvias extraordinarias, con más de 150 milímetros en pocas horas en zonas del sur y del este, casi 600 milímetros en enero en algunos sectores según el propio Gobierno, diques bajo alerta, crecidas de ríos y evacuaciones preventivas en localidades como Concepción. Y la secuencia no quedó encerrada en enero: este 6 de marzo volvió a abrir con anegamientos en el sur tucumano y familias evacuadas. A eso se suma que el mapa oficial de RIDES muestra amplias franjas del territorio provincial —sobre todo hacia el este y el sur— con riesgo de inundación de moderado a grave.
La medida no libera todo, pero sí baja la barrera de protección alrededor de zonas pobladas
La provincia de Tucumán actualizó su normativa minera, permitiendo la extracción de áridos en áreas cercanas a poblaciones urbanas bajo condiciones controladas. Esta decisión, plasmada en la Resolución 141-DM-26 del 23 de febrero de 2026, firmada por el director de Minería, Andrés Américo Daniel Renolfi, responde a la «obsolescencia» de regulaciones anteriores y al avance de tecnologías de mitigación, con el objetivo de evitar que restricciones absolutas frenen una actividad clave para la economía local.
La resolución difundida no habilita sin más la extracción pegada a los barrios, pero sí modifica un resguardo importante: deja vigente la prohibición de explotar minerales de tercera categoría fuera de cauces o márgenes de ríos dentro de un radio de 2,5 kilómetros de centros poblados, aunque abre excepciones para canteras ubicadas desde 1 kilómetro en adelante.
Sin un plan integral de cuencas, la flexibilización puede agravar una provincia ya frágil
La respuesta seria es esta: no se puede afirmar que la resolución vaya a causar por sí sola las inundaciones, pero sí puede complicar más la situación si se aplica sin una mirada integral de cuencas. El motivo es que la propia discusión técnica sobre áridos es ambivalente: una extracción racional, limitada al excedente de sedimentos y sin debilitar riberas ni profundizar de más el cauce, puede ayudar a evitar colmatación y desbordes; pero la bibliografía técnica también advierte que la extracción de áridos figura entre las principales causas antrópicas de erosión del lecho y de desestabilización de márgenes cuando se hace mal o sin balance sedimentario. En paralelo, especialistas consultados este año en Tucumán vienen advirtiendo que la provincia sigue actuando con paliativos y no con un verdadero plan maestro de manejo de cuencas.
El problema no es sólo la cantera, sino el momento y el contexto en que se toma la decisión
Ahí está el punto político y técnico. En una provincia que ya muestra desagües obstruidos, ocupación de antiguos pasos de agua, ríos que bajan con violencia desde zonas de montaña y localidades que vuelven a inundarse cada verano, reducir el colchón de protección alrededor de áreas urbanas para favorecer la actividad extractiva es una apuesta delicada. La propia resolución reconoce riesgos al exigir restauración por etapas, control del terreno y barreras de mitigación; pero si el control estatal falla o si las excepciones se otorgan sin cruzarlas con mapas de riesgo y con la dinámica real de cada cuenca, la medida puede sumar presión sobre un sistema hídrico ya tensionado. En síntesis: más que resolver un problema, la flexibilización corre el riesgo de ampliar el margen de error en una Tucumán donde las inundaciones ya dejaron de ser un episodio aislado para convertirse en una señal de desorden estructural.
