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¿Dónde está la intendente más presente en redes? La Capital también se inundó y Chahla quedó fuera de la foto

San Miguel de Tucumán no quedó al margen del temporal que golpeó a la provincia. Mientras el sur tucumano acaparaba las imágenes más dramáticas, en la Capital también hubo barrios anegados, autos varados, circulación crítica y una ciudad que, por varias horas, volvió a mostrar su vieja fragilidad frente a las lluvias intensas. La postal de avenida Jujuy convertida en río, los reportes de anegamientos en calles céntricas y la imagen viral de un vecino avanzando en kayak desde la zona sur resumieron una escena conocida: cuando cae mucha agua en poco tiempo, la Capital también se desborda.

No fue una percepción aislada. En San Miguel cayeron 130 milímetros, según datos oficiales difundidos por el área municipal. Hubo al menos una familia evacuada y la Municipalidad desplegó asistencia en barrios como Ampliación Alejandro Heredia, 2 de Abril, Nueva Esperanza, 360 Viviendas y Policial 4. A la vez, las clases quedaron suspendidas en toda la provincia y el municipio adhirió para sus escuelas y jardines, en una señal de que el temporal también alteró de lleno la vida cotidiana de la Capital.

Lo más inquietante es que tampoco se trató de una sorpresa. Avenida Jujuy ya había sido mostrada bajo agua en 2015 y, en 2023, otro temporal había dejado nuevamente calles intransitables en San Miguel. Es decir: la ciudad no enfrenta un episodio excepcional, sino una secuencia que vuelve cada vez que la lluvia aprieta de verdad. Cambian los funcionarios, cambian las promesas y cambian los videos virales, pero el mapa de la vulnerabilidad urbana sigue apareciendo casi siempre en los mismos lugares.

El municipio estuvo, pero la intendenta no puso la cara

La nueva nota oficial de la Municipalidad obliga a hacer una precisión importante: no es cierto que el municipio haya desaparecido por completo. Hubo un operativo con más de 100 operarios, camiones Vactor, desagote de pozos, limpieza de desagües, poda y asistencia en distintos barrios. También hubo funcionarios en territorio, entre ellos Camila Giuliano, Rubén Fernández, Luciano Chincarini, Julieta Migliavacca y Sofía Prado. La estructura municipal, en otras palabras, sí se movió.

Pero una cosa es que el aparato municipal haya trabajado y otra muy distinta es quién condujo políticamente la escena pública de la emergencia. En el día en que San Miguel volvió a quedar bajo agua, la cara visible del operativo no fue Rossana Chahla. La comunicación institucional mostró a sus funcionarios, no a la intendenta. Chahla sí apareció para comunicar la adhesión a la suspensión de clases en las escuelas municipales, pero no encabezó públicamente la recorrida ni fue la voz principal de la respuesta en los barrios más complicados.

Ese contraste se vuelve todavía más evidente cuando se mira lo que había ocurrido hace apenas un mes. El 6 de febrero, ante otra tormenta fuerte, fue la propia Chahla la que encabezó el monitoreo en zonas anegadas, recorrió el Canal Sur, habló con la prensa institucional y dejó frases de gestión. Esta vez, con una ciudad otra vez al límite, la intendenta quedó corrida de la primera línea y dejó que hablaran sus secretarios. Para una dirigente que construyó una imagen de cercanía y presencia, el dato político no es menor.

De la intendenta viral al silencio en la hora incómoda

Rossana Chahla no es una jefa municipal de bajo perfil. Al contrario: durante buena parte de su gestión cultivó una presencia fuerte en redes, con videos, recorridas y piezas que se viralizaron incluso fuera de Tucumán. Esa identidad de “intendenta cercana”, amplificada por TikTok e Instagram, le sirvió para construir una marca de gestión dinámica, moderna y omnipresente. Por eso mismo, en una jornada de crisis como la de este temporal, su ausencia pública se nota más.

El problema no es sólo estético. Es político. Porque la propia Municipalidad venía anunciando desde 2025 planes de prevención, limpieza de 24 canales, mantenimiento de más de 2.400 imbornales y obras hídricas para aliviar anegamientos históricos. En noviembre, incluso, funcionarios municipales aseguraban que la ciudad podía soportar 40 milímetros de lluvia en una hora y que el objetivo era llevar esa capacidad a 100 milímetros. Y en enero, en Panamá, Chahla presentó ante la CAF un plan de obras para enfrentar inundaciones históricas en la Capital y admitió que hace más de 40 años no se ejecuta una obra pluvial acorde a la magnitud del problema.

Ese es el núcleo incómodo de la discusión. Porque si el diagnóstico ya estaba hecho, si las obras estaban en carpeta y si la propia intendenta había convertido el tema hídrico en una bandera de gestión, entonces el temporal no sólo dejó agua en las calles: dejó expuesto un vacío político. La Municipalidad puede mostrar cuadrillas, camiones y funcionarios secundarios; lo que todavía cuesta encontrar es a la jefa política de la ciudad al frente del momento en que la ciudad más la necesitaba.

La ironía, en ese contexto, es inevitable. A la intendenta que tantas veces apareció sonriente en recorridas, videos y posteos de alto impacto, parece habérsele apagado el impulso cuando la escena dejó de ser controlable. En el día en que San Miguel se volvió intransitable, la intendenta viral no fue la protagonista. Y ahí está, precisamente, el reproche que empieza a crecer: no que el municipio no haya hecho nada, sino que cuando había que poner la cara, Chahla eligió correrse.

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