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De la boleta de Alfaro al gabinete de Chahla: el panquequismo prolijo de Carlos Arnedo

Carlos Arnedo no aterriza en la Municipalidad como un técnico ajeno a la pelea política, sino como un dirigente que fue una pieza visible del alfarismo. En 2023 encabezó la lista de concejales del Partido por la Justicia Social en San Miguel de Tucumán y llegó al Concejo como parte del dispositivo de Germán Alfaro, después de haber sido secretario de Servicios Públicos de esa gestión. Ahora, este 14 de abril de 2026, da otro paso: deja su banca para asumir en la Secretaría de Movilidad Urbana de Rossana Chahla, en reemplazo de Benjamín Nieva. Y el corrimiento en el Concejo también conserva perfume alfarista, porque quien aparece para sucederlo es Christian Abel, segundo candidato de aquella lista y ex funcionario municipal de Alfaro.

No se trata, entonces, de un simple cambio de nombres en el organigrama. Lo que se mueve es una ficha que salió del alfarismo, se despegó formalmente del PJS y termina absorbida por la gestión municipal que en 2023 le ganó a ese mismo espacio. En términos políticos, el dato no es sólo que Arnedo asume un cargo sensible en medio de la crisis del transporte, sino que lo hace después de haber construido toda su proyección pública bajo el paraguas de Alfaro.

La ruptura con el PJS fue el puente, no el punto de partida

El giro de Arnedo no empezó hoy. De hecho, bastante antes de romper con el PJS ya venía mostrando señales de convivencia con Chahla. El 19 de marzo de 2024 compartió con la intendenta un anuncio vinculado al boleto docente municipal; el 29 de abril de ese año elogió públicamente sus primeros 180 días de gestión; y el 3 de junio de 2024 formalizó su salida del bloque alfarista para crear Acción Vecinal. Es decir: primero aflojó la identidad opositora, después armó un sello propio y recién al final completó el desembarco en el gabinete.

Desde entonces, la secuencia fue coherente con ese corrimiento. En diciembre de 2024 celebró la implementación de la SUBE impulsada por Chahla, y en marzo de 2025 incluso destacó tanto la gestión municipal como la de Osvaldo Jaldo. Ya no hablaba como un opositor frontal, sino como alguien que había elegido moverse en una zona de colaboración creciente con el oficialismo. Por eso, más que una sorpresa, su nombramiento luce como la culminación de un proceso de aproximación que venía cocinándose desde hace dos años.

Un pase político con coartada técnica

Arnedo tiene, es cierto, una coartada funcional para llegar a Movilidad Urbana. En el Concejo hizo del transporte uno de sus temas centrales: defendió la regulación de las plataformas digitales, promovió cambios en el sistema y fue uno de los críticos más duros de los empresarios de colectivos, a quienes acusó de vivir “de la teta del Estado”. También impulsó iniciativas ligadas a la modernización del servicio, incluida la transición hacia colectivos eléctricos. Chahla puede argumentar, con razón, que suma a un dirigente que ya venía trabajando el área.

Pero esa coherencia temática no borra el dato político de fondo. En julio de 2023, Arnedo todavía defendía la “transparencia” y el “impecable manejo de los recursos” de la gestión de Alfaro y decía que Chahla recibiría un municipio “totalmente saneado”. Menos de tres años después, ya no aparece como heredero ni como opositor de ese espacio, sino como funcionario de la dirigente que derrotó al alfarismo en la capital. Ahí está el corazón de la historia: no es una conversión ideológica, sino una adaptación al nuevo mapa de poder.

Más que amplitud, plasticidad

En la política tucumana, este tipo de movimientos suele presentarse como madurez, diálogo o vocación de gestión. Pero en el caso de Arnedo la cronología es demasiado nítida como para no leerla también como panquequismo. Llegó de la mano de Alfaro, compitió con su sello, empezó a elogiar a Chahla antes de romper formalmente con el PJS, armó un bloque propio para despegarse sin pagar el costo total de una ruptura brusca y finalmente terminó en el gabinete municipal. Todo prolijo, todo gradual, todo administrado.

Por eso, su designación puede leerse de dos maneras a la vez. Para Chahla, es una incorporación útil en un área caliente. Para Arnedo, es la confirmación de un método: despegarse a tiempo, quedar siempre cerca del poder y transformar la autonomía en plataforma de aterrizaje. Dicho sin eufemismos, más que evolución política, lo suyo se parece bastante al panquequismo de manual.

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