La tensión volvió a poner bajo la lupa al penal de Benjamín Paz. Nueve adolescentes alojados en el Instituto San José Gabriel del Rosario Brochero protagonizaron el primer motín registrado en ese sector, creado especialmente para menores en conflicto con la ley penal y puesto en funcionamiento hace poco más de dos meses.
El episodio se inició en el Pabellón N° 8, donde los internos redujeron al celador Esteban Aguilera y lo mantuvieron como rehén. Según el informe policial, el trabajador fue amenazado con un arma blanca en el cuello, mientras el resto del grupo avanzaba con destrozos dentro del edificio.
La revuelta no se limitó a un sector. Los adolescentes tomaron el pabellón, ocuparon también el área de enfermería y generaron daños materiales que, según las primeras evaluaciones, serían importantes. La situación obligó a desplegar un operativo de emergencia con participación de efectivos de la Comisaría de Trancas, de Vipos, Infantería Norte y personal del Servicio Penitenciario.
Una irrupción forzada y un cabo herido durante el rescate
Ante la negativa de los internos a deponer la actitud, las autoridades ordenaron una irrupción compulsiva. El ingreso de los uniformados se produjo en medio de agresiones con elementos contundentes. De acuerdo con la información oficial, los menores arrojaron piedras, botellas de vidrio, herramientas, machetes y hasta matafuegos contra el personal que participaba del procedimiento.
Luego de varios minutos de extrema tensión, los nueve adolescentes fueron reducidos y el celador Aguilera fue rescatado ileso. Sin embargo, el operativo dejó un efectivo herido: el cabo Patricio Robles, integrante del grupo especial del Servicio Penitenciario, cayó desde una altura aproximada de cuatro metros cuando intentaba subir al techo para verificar que no hubiera internos tratando de escapar.
Robles sufrió lesiones de consideración en el rostro. Fue asistido en el lugar por una ambulancia y trasladado de urgencia al hospital Padilla, donde quedó bajo observación médica.
La crítica: un centro nuevo que ya enfrenta su primera crisis grave
El hecho golpea directamente sobre uno de los puntos más sensibles del diseño institucional del nuevo espacio: su seguridad interna. El Instituto San José Gabriel del Rosario Brochero había sido presentado como una alternativa diferenciada para alojar a adolescentes en conflicto con la ley penal, separado del régimen de adultos y con un enfoque socioeducativo.
El proyecto había sido anunciado por el gobernador Osvaldo Jaldo en enero, en medio del debate por los delitos cometidos por menores. La propuesta contemplaba la adecuación de un pabellón dentro del predio de Benjamín Paz, con separación de la población penitenciaria adulta, vigilancia especial, cocina propia, consultorios y equipos técnicos integrados por médicos, psicólogos y docentes.
El 11 de marzo se concretó el traslado de los primeros seis adolescentes desde el ex Instituto de Clasificaciones Julio Argentino Roca hacia el nuevo establecimiento. En ese momento, desde el Ministerio de Desarrollo Social se remarcó que los jóvenes no tendrían comunicación con el servicio penitenciario donde están alojados los adultos y que el centro marcaba “una nueva etapa”.
Por eso, el motín ocurrido ahora abre un interrogante incómodo: cómo un pabellón inaugurado hace tan poco tiempo, pensado para funcionar con controles específicos y acompañamiento profesional, llegó a una situación de toma de rehén, armas blancas, destrozos y un operativo de rescate con heridos.
La Unidad Fiscal Criminal N° 2, a cargo de Facundo González, tomó intervención en la causa. Se ordenó el trabajo de Criminalística, el secuestro de las armas blancas y de los elementos utilizados durante la toma del edificio. Además, se dispuso informar lo ocurrido a las unidades fiscales de las que dependen los adolescentes procesados.
El director del Instituto, Ignacio Perea, llegó al lugar cerca de la una de la madrugada para evaluar los daños. Más allá de la investigación penal, el caso deja instalado un cuestionamiento político y operativo: el primer motín del pabellón de menores ocurrió cuando el establecimiento todavía estaba en su etapa inicial de funcionamiento, justo cuando debía demostrar que podía combinar seguridad, contención y reinserción.
