El transporte de estupefacientes en el norte argentino cambió de manera sustancial en los últimos años. El tradicional traslado terrestre de pequeñas cantidades, conocido en la jerga criminal como “pitufeo”, comenzó a ser desplazado por una modalidad de mayor escala: el uso de avionetas que operan de manera clandestina.
Según explicó el fiscal federal Ricardo Toranzos, antes los cargamentos ingresaban por vía terrestre, mediante “mulas” o personas que ocultaban la droga entre sus pertenencias, e incluso en cápsulas ingeridas. Sin embargo, con el tiempo aparecieron las aeronaves y el denominado “bombardeo” de droga.
En esa modalidad, el piloto arroja la carga en un punto previamente acordado y otra célula de la organización se encarga de recibirla y “enfriarla”. Este mecanismo, advirtió el fiscal, otorga mayor impunidad a las bandas porque las distintas células no se conocen entre sí. Si una cae, no puede delatar a la otra.
Aterrizajes clandestinos en el interior del país
La fragmentación de las organizaciones narco en compartimentos separados dificulta la tarea de los investigadores, que deben reconstruir una cadena de mandos cada vez más opaca. Pero el fenómeno no se detuvo allí.
Toranzos señaló que las aeronaves ya no sólo arrojan bultos desde el aire en zonas rurales del norte argentino, sino que avanzan hacia el interior del país para concretar aterrizajes directos. Esa nueva modalidad representa un riesgo mayor para los narcos, pero les permite ganar tiempo en la logística posterior.
“Una vez superados los controles fronterizos, se puede transitar sin mayores verificaciones”, analizó el fiscal.
En ese marco, comenzaron a detectarse procedimientos con cargamentos de entre 300 y 400 kilos transportados en avionetas que aterrizan dentro del territorio argentino. Para los investigadores, ese nivel de operación supone también una mayor inversión en corrupción, destinada a blindar el contacto entre pilotos y receptores.
De acuerdo con Toranzos, recientemente se observaron vuelos de estas características en Santa Fe, el sur de Salta y Santiago del Estero.
Pilotos jóvenes, avionetas robadas y rutas hacia el sur
Las causas judiciales y el análisis de GPS secuestrados permitieron reconstruir parte del patrón transnacional utilizado por estas redes. Según el fiscal, las organizaciones captan pilotos jóvenes en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, y emplean avionetas que muchas veces son robadas o circulan con matrículas duplicadas.
Luego, las aeronaves buscan la droga en el sur de Perú o en el norte de Bolivia, para finalmente ingresar al territorio argentino.
Si el “bombardeo” se realiza en zonas como Anta o Rosario de la Frontera, en Salta, las avionetas tienen autonomía suficiente para regresar sin aterrizar. Desde esos puntos, la droga puede tomar distintas rutas: hacia el noreste, por Chaco y Corrientes, con salida hacia Brasil o Paraguay; o hacia el sur, por caminos provinciales, Santiago del Estero, Tucumán y la Ruta 34, considerada una vía troncal para la logística narco.
Para la Justicia Federal, el cambio de matriz confirma una constante del narcotráfico: se trata de un delito que muta según la relación entre costo y beneficio, buscando siempre nuevas formas de reducir riesgos y maximizar ganancias.
