La Libertad Avanza empezó a ganar volumen institucional en Yerba Buena. Este jueves 5 de marzo, la concejal Mercedes Moraiz se incorporó al interbloque libertario del Concejo Deliberante, que hasta ahora estaba integrado únicamente por Álvaro Apud. El anuncio se realizó junto al propio Apud y con el respaldo de los diputados nacionales Gerardo Huesen y Federico Pelli, quienes plantearon como objetivo “consolidar” una representación que exprese una alternativa dentro del cuerpo legislativo municipal.
La movida no es menor por el timing: apenas semanas antes, el 4 de febrero, Apud había formalizado el primer bloque identificado con LLA en el Concejo y había anticipado conversaciones para sumar bancas. Con la llegada de Moraiz, ese pronóstico se convierte en hecho: el sello libertario deja de ser una voz solitaria y pasa a tener coordinación parlamentaria con dos ediles.
El blanco: la gestión municipal y el debate por el “gasto”
El crecimiento del espacio viene con un discurso de oposición frontal al Ejecutivo local. Apud ya había marcado el tono cuando denunció un municipio “sobredimensionado”, cuestionó las ampliaciones presupuestarias y señaló una falta de controles sobre la gestión. En esa misma línea, desde el armado libertario insistieron en que buscarán “poner límites” y llevar “las ideas de la libertad” al ámbito municipal.
En este punto, la incorporación de Moraiz también encaja por trayectoria: desde su banca venía construyendo un perfil asociado a consignas de austeridad y control. En diciembre de 2024, por ejemplo, impulsó medidas contra subas de tributos municipales y pidió revisar gastos antes de trasladar más carga a los vecinos. Y antes, en 2023, había tomado distancia del esquema de fondos para gastos asistenciales/políticos del Concejo, con un planteo crítico sobre el uso discrecional de recursos.
En términos políticos, LLA no sólo suma una banca: suma un relato consistente para capitalizar el humor social que castiga “impuestos”, “gasto” y “falta de rendición de cuentas”.
La contradicción: críticas al intendente, delfín de Campero, mientras Campero juega con LLA en Nación
El dato que enciende la interna es que las críticas libertarias apuntan, directa o indirectamente, al intendente Pablo Macchiarola, heredero político de Mariano Campero en Yerba Buena. Macchiarola gobierna la Ciudad Jardín desde 2023, con un armado propio de la misma cantera que condujo Campero como intendente durante ocho años.
Pero Campero, ya en Buenos Aires, tomó otra decisión: en noviembre de 2025 formalizó su incorporación al bloque de La Libertad Avanza en la Cámara de Diputados, en un movimiento que lo alineó con el oficialismo nacional y con el grupo de los llamados “radicales con peluca”. Sin embargo, la conducción libertaria tucumana fue explícita al trazar una frontera: Lisandro Catalán aclaró que ese pase parlamentario no implica que Campero sea parte de “LLA Tucumán”.
Ahí aparece la pregunta que empieza a circular en Yerba Buena: si el libertarismo local construye identidad enfrentando el “gasto” municipal, ¿dónde queda Macchiarola? ¿Redobla su pertenencia al espacio de Campero y se planta ante LLA en el distrito? ¿O busca un entendimiento para no quedar encerrado entre un oficialismo provincial con el que dialoga por obras y un libertarismo que crece con narrativa anticasta?
Por lo pronto, la jugada de Moraiz acelera el tablero: LLA ya no “llegó” a Yerba Buena; empezó a consolidarse. Y esa consolidación abre una tensión inevitable en el corazón del poder municipal, justo donde el camperismo puso su principal ficha sucesoria.
