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La paritaria que firmó ATEP dejó más bronca que alivio entre los docentes tucumanos

La firma de la nueva paritaria docente en Tucumán no trajo calma. Por el contrario, terminó profundizando el malestar en buena parte de la docencia, que volvió a cuestionar tanto el monto acordado como la forma en que se cerró la negociación entre ATEP y el Gobierno provincial.

El convenio contempló un aumento del 8,4% en marzo y un complemento del 2,6% en abril. Desde la Casa de Gobierno se presentó el entendimiento como una recomposición para el primer semestre y se sostuvo que el salario docente llegaría a los $970.000. Pero en las escuelas la lectura fue muy distinta: para numerosos docentes, la mejora volvió a quedar corta frente al costo de vida y no alcanzó para revertir el deterioro salarial acumulado.

La reacción no fue sólo contra la oferta oficial. También apuntó contra la conducción gremial, a la que sectores de base le reprocharon haber firmado otra vez un acuerdo insuficiente y sin expresar el nivel de descontento que ya se venía viendo en las aulas.

La inflación volvió a comerse la recomposición

Uno de los ejes del rechazo estuvo en la distancia entre la suba acordada y la realidad económica. En febrero, la inflación en Tucumán fue del 3,4% y el acumulado del primer bimestre de 2026 llegó al 6,3%, con alimentos y vivienda entre los rubros de mayor presión sobre los bolsillos. En ese contexto, la recomposición salarial apareció para muchos docentes más como un parche que como una recuperación real.

A esa cuenta se sumó otro dato sensible: mientras el Gobierno hablaba de un salario que se acercaría a los $970.000, desde sectores docentes insistieron en que los ingresos efectivos de muchos trabajadores seguían ubicándose por debajo de ese número, sobre todo en cargos sin antigüedad significativa o con liquidaciones que dependen de sumas no remunerativas. Esa diferencia entre el número oficial y lo que efectivamente llega al bolsillo fue una de las razones que más alimentó la bronca.

Así, la discusión dejó de ser sólo porcentual. Lo que quedó expuesto fue una sensación cada vez más extendida entre los docentes: que cada nueva paritaria se firma con cifras que corren desde atrás y que el salario continúa perdiendo capacidad para sostener los gastos cotidianos.

El desgaste con la conducción sindical volvió a quedar expuesto

El acuerdo también reabrió la disputa interna dentro de la docencia tucumana. En distintos sectores volvió a instalarse la idea de que ATEP firmó una pauta sin representar el humor real de las bases, en un momento además especialmente delicado para la provincia, atravesada todavía por las secuelas de las lluvias y por los problemas para normalizar plenamente la actividad escolar.

Ese clima de malestar no se explicó sólo por el porcentaje. También tuvo que ver con una acumulación de desconfianza. Muchos docentes sintieron que la negociación volvió a cerrarse desde arriba, sin una discusión amplia y sin un planteo más firme frente a una inflación que siguió apretando con fuerza.

Por eso, la paritaria no fue leída como una solución sino como otro capítulo del desgaste entre la conducción sindical y una base cada vez más impaciente. Lo que dejó esta firma fue una certeza incómoda: lejos de desactivar el conflicto, el acuerdo terminó sumando otro motivo de enojo en un sector que ya venía golpeado.

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