La Legislatura tucumana volvió a quedar en el centro de la escena, pero no por el debate de ideas ni por la calidad de sus discusiones, sino por una serie de intervenciones que desataron polémica dentro y fuera de la provincia. El impacto de esos cruces llevó al propio presidente de la Cámara, Miguel Acevedo, a abrir la semana con un llamado de atención puertas adentro, preocupado por la imagen de un poder que desde hace tiempo arrastra cuestionamientos y un visible deterioro ante la opinión pública.
En el oficialismo y en la oposición admiten, con distintos matices, que el recinto ya no muestra el nivel de discusión política de otros tiempos. Lejos de aquella Legislatura en la que las diferencias se expresaban con argumentos, chicanas y negociaciones entre bloques, hoy predominan discursos de escasa profundidad y una dinámica en la que el peso de la mayoría termina por ordenar el temario y también el tono del debate.
La advertencia de Acevedo no fue casual. En un clima cada vez más espeso, la Cámara aparece expuesta a una campaña de desgaste que promete intensificarse a medida que se acerque el calendario electoral. El problema para el cuerpo es que muchas veces ese desprestigio no proviene sólo de afuera: también se alimenta de los errores propios.
La Casa Histórica, Chahla y una nueva disputa en el tablero tucumano
El malestar político no se limita al Palacio Legislativo. También alcanza al municipio capitalino, donde la intendenta Rossana Chahla quedó envuelta en otra controversia a partir de la imposibilidad de realizar un vino de honor en la Casa Histórica, en el marco de la VIII Asamblea Nacional de la Red Argentina de Municipios frente al Cambio Climático. La negativa obligó a mudar la recepción al Museo Azucarero y abrió interrogantes en el entorno municipal.
En la sede de San Martín y 9 de Julio no ocultan la incomodidad. Entre los colaboradores de la jefa municipal crece la sospecha de que la decisión no fue meramente administrativa, sino política. Más aún en un contexto atravesado por discusiones nacionales sensibles y por la reciente salida del director del Museo Casa Histórica, José María Posse, que pasará a desempeñarse en la Justicia Federal.
El episodio se leyó como una nueva señal dentro de una trama de tensiones más amplia, donde Acevedo, Chahla y varios ministros provinciales aparecen como blancos de una oposición que busca posicionarse. Sin embargo, los libertarios todavía muestran limitaciones para avanzar de lleno contra el gobernador Osvaldo Jaldo, que conserva capacidad de interlocución con la Casa Rosada y mantiene un vínculo aceitado con funcionarios clave del Gobierno nacional.
Jaldo, Manzur y la pelea que ya se insinúa de cara a las elecciones
Mientras la oposición exhibe fragmentación, en el oficialismo tucumano el movimiento es más silencioso, aunque no menos intenso. Jaldo sigue concentrando la centralidad política y administra los tiempos de una eventual renovación de su gabinete, una posibilidad que vuelve una y otra vez en los corrillos de la Casa de Gobierno. El mandatario reconoce la necesidad de oxigenar áreas de gestión, pero evita mostrar todas sus cartas antes de tiempo.
Ese manejo del ritmo también se traslada al plano electoral. Aunque falta, la disputa de 2027 ya empezó a condicionar decisiones, posicionamientos y alianzas. La posibilidad de pelear por la reelección está sobre la mesa, y el gobernador parece decidido a conducir personalmente esa batalla. En paralelo, Juan Manzur observa y espera. El ex gobernador y actual senador todavía no se mete de lleno en la discusión, pero conserva influencia y mantiene abiertos canales con distintos sectores del peronismo.
En ese marco, las futuras candidaturas al Senado asoman como una pieza codiciada dentro del oficialismo. Todo ocurre mientras intendentes y comisionados comunales reclaman más recursos, en medio de restricciones presupuestarias que condicionan la gestión territorial. El peronismo, aun con tensiones internas, aparece hoy mejor parado que una oposición dispersa. Pero en Tucumán nadie se confía: el humor social, la economía y la proximidad electoral prometen alterar un tablero que ya empezó a moverse.
