Tras los últimos episodios de lluvias intensas y anegamientos, desde la oposición capitalina volvieron a cargar contra la administración de Rossana Chahla y advirtieron que el principal problema de San Miguel de Tucumán no es solamente el clima, sino la ausencia de una política seria de planificación urbana. El planteo opositor sostiene que lo que ocurre cada vez que se larga una tormenta ya no puede presentarse como un hecho excepcional, sino como la consecuencia directa de una ciudad que creció sin previsión y sin obras de fondo.
En ese marco, las críticas apuntan a una gestión municipal que, según remarcan, sigue reaccionando sobre la urgencia pero no ofrece una estrategia integral para evitar que los barrios vuelvan a quedar bajo agua. Para ese sector, la Capital arrastra un esquema de improvisación que se repite frente a cada temporal, con respuestas parciales y sin una mirada de largo plazo.
Sin coordinación regional, el problema se multiplica
Uno de los cuestionamientos más fuertes de la oposición pasa por la falta de una estrategia metropolitana que permita abordar las inundaciones como un problema común entre la Capital y las ciudades que la rodean. La advertencia es que no alcanza con medidas aisladas dentro de San Miguel de Tucumán cuando el crecimiento urbano, el escurrimiento del agua y la presión sobre la infraestructura superan largamente los límites de un solo municipio.
Bajo esa mirada, le reprochan a Chahla no haber impulsado una mesa política e institucional más amplia con Provincia, Nación y municipios del Gran Tucumán para encarar obras hídricas, drenajes y criterios unificados de ordenamiento territorial. La crítica de fondo es que la Municipalidad sigue administrando una crisis estructural con herramientas fragmentadas, mientras el problema escala con cada lluvia fuerte.
La urbanización sin control y la deuda de las obras estructurales
Desde la oposición también pusieron el foco en el avance de urbanizaciones sin controles suficientes, la ocupación de zonas vulnerables y la carencia de infraestructura acorde a una nueva realidad climática. En ese diagnóstico, la responsabilidad política vuelve a caer sobre la gestión municipal, a la que le adjudican falta de control, escasa previsión y ausencia de decisiones profundas para ordenar el uso del suelo.
El otro punto sensible es la deuda con las obras estructurales. La oposición advierte que, sin inversiones en drenaje pluvial, saneamiento y desagües, la Capital seguirá atrapada en una lógica de parche permanente. Y ahí vuelve a aparecer la crítica más dura contra Chahla: que mientras intenta mostrar iniciativa en otros frentes, la ciudad sigue sin una respuesta de fondo para uno de los problemas que más golpea a los vecinos cada vez que el tiempo empeora.
