La situación política y judicial de la intendenta de Graneros, Raquel Graneros, suma un nuevo capítulo y vuelve a colocar al Gobierno provincial frente a una pregunta incómoda: por qué Osvaldo Jaldo no actúa con la misma velocidad y dureza que mostró cuando decidió intervenir el municipio de Juan Bautista Alberdi.
La jefa municipal quedó nuevamente en el centro de la escena luego de ser denunciada por presunto falso testimonio agravado, en una presentación que también alcanza a su madre, la legisladora provincial María Alejandra Cejas. El planteo fue realizado por mujeres imputadas en una causa por amenazas originada tras un incidente ocurrido el 28 de abril, a la salida de una misa en Graneros.
El nuevo expediente se suma a la polémica por la presunta compra de una vivienda en un country privado valuada en más de un millón de dólares, hecho que ya había generado cuestionamientos políticos y una denuncia por presunto enriquecimiento ilícito.
Una intendenta cuestionada y una respuesta oficial que no aparece
Según la denuncia, Graneros y Cejas habrían declarado bajo juramento que permanecieron alrededor de 10 minutos dentro de una camioneta rodeadas por manifestantes hasta la llegada de la Policía. Sin embargo, las denunciantes sostienen que las imágenes del Centro de Monitoreo mostrarían que el vehículo estuvo en el lugar menos de 30 segundos antes de retirarse.
A partir de esa presunta contradicción, solicitaron que se investigue la posible comisión del delito de falso testimonio. También pidieron que la Fiscalía confronte las declaraciones con los registros fílmicos y que se abra un legajo independiente para analizar la conducta de la intendenta y de la legisladora.
La causa quedó en manos del Ministerio Público Fiscal y deberá ser analizada por el fiscal general del Centro Judicial Concepción, Diego Sebastián Hevia. Será la Justicia la que defina si existen elementos para avanzar, pero políticamente el caso ya generó ruido dentro del oficialismo.
El antecedente Alberdi marca la diferencia
El contraste con Juan Bautista Alberdi es inevitable. En junio de 2025, Jaldo intervino ese municipio mediante un decreto de necesidad y urgencia luego de la difusión de un audio que involucraba al intendente Luis “Pato” Campos en presuntos hechos vinculados al narcotráfico y otras irregularidades.
En aquel momento, el gobernador sostuvo públicamente que se había terminado la impunidad en Tucumán y defendió una reacción institucional inmediata. La Provincia desplazó al jefe municipal, nombró un interventor y convocó a elecciones para normalizar la situación política de Alberdi.
Ahora, frente al caso Graneros, la conducta del Gobierno parece ser otra. Aunque la intendenta enfrenta cuestionamientos judiciales y políticos cada vez más graves, por el momento no hubo una señal equivalente desde la Casa de Gobierno. Esa diferencia alimenta la idea de un criterio selectivo: mano dura cuando el costo político lo permite, cautela cuando el conflicto toca sectores propios del armado oficialista.
El silencio también es una decisión política
La falta de una respuesta contundente de Jaldo ante el caso Graneros abre un debate sobre los límites de su discurso institucional. Si en Alberdi el gobernador justificó la intervención como una medida necesaria para preservar la transparencia y el funcionamiento del municipio, en Graneros el silencio oficial deja expuesto un trato desigual.
El problema para el Gobierno no es solo judicial. También es político. Graneros pertenece al mapa de poder del peronismo tucumano y cualquier avance contra su intendenta podría tener impacto en los equilibrios internos del oficialismo, especialmente en un momento en el que Jaldo busca ordenar su estructura de cara a los próximos años.
La denuncia por presunto falso testimonio todavía deberá ser investigada y la intendenta conserva el principio de inocencia. Pero la vara política ya quedó planteada por el propio gobernador cuando decidió intervenir Alberdi. La pregunta, ahora, es si ese criterio vale para todos los municipios o si depende del peso político de cada dirigente.
