Las fuertes lluvias de la madrugada volvieron a golpear al sur tucumano y dejaron otra postal que ya no puede leerse como un hecho aislado: caminos anegados, calles intransitables, agua sobre la ruta 38 y familias evacuadas en Villa Belgrano. El problema alcanzó también a Santa Ana, El Polear, La Invernada, Alberdi y Monteagudo, en una nueva demostración de que la provincia sigue sin dar una respuesta efectiva en las zonas más vulnerables ante cada temporal.
La habilitación de una escuela para alojar a damnificados muestra la gravedad del cuadro, pero también revela algo más profundo: cuando la emergencia obliga a improvisar refugios y operativos de asistencia, es porque la prevención no alcanzó. Los tucumanos del sur volvieron a quedar expuestos a una crisis que se repite cada vez que las lluvias intensas ponen a prueba la infraestructura.
El discurso oficial no resiste el contraste con la realidad
Hace apenas semanas, desde el Gobierno se insistía en que el plan pre lluvia había permitido mitigar el impacto de los temporales en el sur provincial y que las tareas de limpieza de acequias, cunetas y desagües habían evitado inundaciones prolongadas. Sin embargo, lo ocurrido ahora vuelve a poner ese relato bajo tensión.
Porque si el saldo de una madrugada de lluvias es agua sobre la calzada, evacuados y preocupación por la crecida del río Chico y del arroyo Matazambi, entonces la pregunta ya no es si hubo trabajos previos, sino si esos trabajos fueron suficientes, adecuados y sostenidos en el tiempo. El problema no es sólo la lluvia: es la fragilidad de una estructura que sigue mostrando límites cada vez que el caudal crece en serio.
Los que terminan pagando la falla son los vecinos del sur
Detrás de cada parte policial y de cada informe oficial hay familias que vuelven a perder tranquilidad, movilidad y seguridad. Son los vecinos del sur provincial los que conviven con el agua en las calles, con el riesgo de ingreso a sus viviendas y con la incertidumbre de no saber si el próximo temporal será todavía peor.
La situación vuelve a dejar una conclusión incómoda para la gestión: el plan pre lluvia puede servir como consigna de comunicación, pero todavía no logra garantizar que los tucumanos más expuestos dejen de ser los que pagan las consecuencias. Mientras la respuesta siga apareciendo después del desastre, y no antes, los damnificados seguirán siendo siempre los mismos.
