Un niño de tres años permanece internado en el Hospital del Niño Jesús después de haber caído en una boca de tormenta sin tapa y quedar sumergido en líquidos cloacales, en Villa Luján. Mientras su familia aguarda su evolución y los médicos controlan el riesgo de una neumonía, la Sociedad Aguas del Tucumán evitó asumir una responsabilidad directa y volvió a colocar las explicaciones fuera de la empresa.
El episodio ocurrió el viernes 31 de julio, alrededor de las 18.40, en el pasaje Miguel Cané, antes de llegar a Saavedra. El pequeño caminaba rumbo a la plaza junto con su madre, su tía, su hermano de 10 años y una bebé de 10 meses cuando pisó una superficie cubierta de barro y cayó dentro del pozo.
La abertura no estaba señalizada y tampoco contaba con una protección que evitara el accidente. El niño se hundió por completo y tuvo que ser rescatado por su tía, quien también terminó cubierta por los líquidos contaminados.
Un pozo denunciado durante cuatro años
Los vecinos aseguran que el peligro no apareció de un día para el otro. Según sus testimonios, la boca de tormenta llevaba aproximadamente cuatro años en malas condiciones y su deterioro había sido advertido mediante notas, fotografías y reclamos.
Pese a esas presentaciones, la solución definitiva nunca llegó. Los habitantes de la zona señalaron que las intervenciones se limitaban a trabajos momentáneos: personal de la empresa acudía, destrancaba el sistema y, a los pocos días, los desbordes volvían a aparecer.
En Villa Luján, el problema tampoco se reduce al pozo donde cayó el pequeño. Los vecinos denuncian pérdidas de agua, desbordes cloacales constantes, acumulación de barro contaminado, olores insoportables y hundimientos en veredas y calles provocados por las filtraciones.
La familia había elegido caminar por el pasaje Miguel Cané porque sobre la avenida Ejército del Norte también había desbordes cloacales. Es decir, tuvo que esquivar un problema para encontrarse con otro aún más peligroso.
La caída expuso las consecuencias concretas de años de abandono. Ya no se trata solamente de malos olores, calles anegadas o incomodidades para circular. Un niño terminó sumergido en materia fecal y ahora permanece internado por las posibles consecuencias que ese contacto puede provocar en su salud.
La SAT culpó a los robos y a los vecinos
Después del accidente, el titular de la SAT, Marcelo Caponio, explicó que la empresa enfrenta una ola de robos de tapas de bocas de tormenta. Incluso sostuvo que, durante los últimos dos años, fueron repuestas unas 400 tapas en distintos puntos de la provincia.
También afirmó que muchas de estas situaciones no son denunciadas por los vecinos. De esa manera, la respuesta oficial volvió a trasladar la discusión hacia el vandalismo y hacia quienes viven en los barrios, en lugar de explicar por qué una abertura peligrosa permaneció sin protección ni señalización.
La versión fue rechazada por los residentes de Villa Luján. Los vecinos sostienen que la tapa no fue robada, sino que se encontraba hundida dentro del pozo debido al deterioro de la estructura que debía sostenerla. Además, aseguran que existían reclamos anteriores y documentación sobre el estado del lugar.
Caponio se encontró con la tía del menor cuando regresó a la zona después del accidente y le pidió disculpas. Sin embargo, según relató la mujer, cuando le solicitó que fuera al hospital para hablar con la madre del niño, el funcionario nunca se presentó.
La familia aclaró que no busca dinero ni una reparación económica. Reclama justicia, explicaciones y obras que impidan que otro niño atraviese una situación similar.
Mientras tanto, el episodio también generó cuestionamientos políticos. Concejales opositores señalaron que lo sucedido es consecuencia del abandono y reclamaron que se determine quién debe encargarse del mantenimiento y la reposición de estos elementos en la vía pública.
La reparación llegó después del accidente
La SAT reparó y selló la abertura después de la caída. También colocó señalización en el lugar. La intervención demostró que la solución era posible, pero se ejecutó recién cuando un niño terminó hospitalizado.
La respuesta tardía profundizó la indignación de los vecinos, que consideran que el accidente podría haberse evitado. Durante años convivieron con el peligro y, según denunciaron, tuvieron que esperar una desgracia para ser escuchados.
El menor continúa bajo observación. En un primer momento, su evolución parecía favorable, pero los médicos detectaron el ingreso de líquido a su organismo y la presencia de mucosidad. Por ese motivo, permanece internado ante el riesgo de desarrollar una neumonía.
La caída también dejó consecuencias emocionales. Su hermano de 10 años, que presenció el episodio, pasó dos días sin comer, llora y se encuentra angustiado. El pequeño hospitalizado recuerda permanentemente el momento en que cayó y tiene pesadillas.
Frente a este cuadro, la explicación sobre el robo de tapas resulta insuficiente. Incluso cuando exista vandalismo, corresponde a los organismos responsables detectar el peligro, señalizarlo y evitar que una abertura expuesta se convierta en una trampa.
En Villa Luján, la SAT no actuó antes de la caída, reparó el pozo después del accidente y no ofreció públicamente una explicación que respondiera a los reclamos acumulados durante años. Una vez más, la reacción llegó cuando el daño ya estaba hecho.
