El proyecto que analiza la Legislatura para crear un sistema de alerta temprana contra inundaciones parte de una necesidad evidente: Tucumán necesita anticiparse mejor a las emergencias climáticas. Pero el problema no está en discutir una herramienta de prevención, sino en la repetida costumbre oficial de reaccionar después de que el agua arrasó barrios, rutas, viviendas o vidas.
La iniciativa fue presentada como una respuesta institucional para mejorar la comunicación con la ciudadanía, coordinar organismos y advertir con anticipación sobre contingencias ambientales. En los papeles, suena razonable. En la práctica, deja una pregunta incómoda: ¿por qué la prevención aparece como novedad cuando La Madrid se inunda una y otra vez y cuando en la Capital ya hubo tragedias que expusieron fallas de control, infraestructura y respuesta?
La prevención no puede llegar después del agua
Un sistema de alerta temprana puede ser útil, pero no puede convertirse en una coartada. Avisar que viene una tormenta no reemplaza obras, limpieza de canales, control de conexiones eléctricas, mantenimiento de desagües, fiscalización de ferias, relevamiento de zonas críticas ni presencia territorial antes de la emergencia.
La política tucumana suele presentar como avance lo que en realidad debería ser rutina. Que los organismos hablen entre sí, que haya protocolos comunes, que Defensa Civil actúe con información técnica y que la población reciba advertencias claras no debería depender de un nuevo proyecto cada vez que el desastre vuelve a golpear.
El riesgo es que la alerta temprana termine funcionando como una forma elegante de trasladar la responsabilidad al vecino: “se avisó”, “se recomendó no salir”, “había alerta”. Pero una provincia no se protege solamente con mensajes preventivos. Se protege con planificación, inversión y controles sostenidos.
El antecedente que desnuda el límite del aviso
La comparación con la tragedia de Villa Angelina es inevitable. En abril, Lisandro, un niño de 12 años, murió electrocutado durante una tormenta. La conmoción no se produjo sólo por el temporal, sino por las condiciones denunciadas por vecinos: calles anegadas, precariedad, conexiones irregulares y reclamos de control que ya existían antes de la muerte.
Después de aquella tragedia, la intendenta Rossana Chahla insistió en la prevención y en la necesidad de que la gente se resguarde. Dijo que, cuando hay tormentas, desde el municipio se suspenden ferias y se pide a los vecinos quedarse en sus casas. También afirmó que no hay que salir en medio de una tormenta.
El mensaje puede ser correcto como recomendación general, pero resulta insuficiente frente a una muerte que expuso algo más grave que la conducta individual. Un niño electrocutado en una calle anegada no puede reducirse a si salió o no salió. La discusión de fondo es por qué había riesgo eléctrico en el espacio público, qué controles fallaron, quién debía fiscalizar y cuántas advertencias vecinales fueron ignoradas antes de la tragedia.
Alertar no reemplaza gobernar
La Legislatura puede avanzar con una ley de alerta temprana, pero debería evitar el atajo discursivo de venderla como solución integral. Tucumán no necesita únicamente saber antes cuándo se viene una tormenta. Necesita saber antes qué barrios se van a inundar, qué canales no dan abasto, qué columnas de alumbrado están vulneradas, qué ferias funcionan sin control, qué escuelas quedan aisladas y qué familias viven siempre en la primera línea del desastre.
La prevención real no empieza cuando el Servicio Meteorológico emite una alerta. Empieza meses antes, con mantenimiento, presupuesto, mapas de riesgo, controles municipales, obras hídricas y responsabilidades claras.
Por eso, el debate legislativo debería ir más allá del protocolo. Porque si el Estado sólo mejora la forma de avisar, pero no corrige las causas que convierten cada lluvia fuerte en una amenaza, la alerta temprana será apenas otro cartel luminoso en medio del agua.
Y después, cuando vuelva la tragedia, el poder repetirá la misma frase de siempre: que se había advertido, que se había recomendado no salir, que el temporal fue excepcional. Pero para los vecinos que pierden todo, y para las familias que ya perdieron mucho más que eso, la advertencia llega tarde cuando la prevención nunca llegó.
