Un patrullero del 911 quedó atrapado en un enorme pozo en el barrio Alejandro Heredia y las imágenes volvieron a exponer uno de los problemas cotidianos de San Miguel de Tucumán: el deterioro de las calles. El episodio adquiere además un significado particular porque ocurrió apenas meses después de que la gestión de Rossana Chahla presentara BachIA, una herramienta de inteligencia artificial que prometía detectar, geolocalizar y clasificar los baches de la Capital para acelerar su reparación.
El hecho ocurrió sobre calle 261 Suroeste al 3.200, a la altura de Marina Alfaro. La camioneta policial cayó en el pozo y quedó varada. Luego de que se difundieran las imágenes aparecieron videos de otros vehículos atravesando el mismo problema, mientras vecinos aseguraron haber realizado reclamos ante el Municipio sin obtener una solución.
La escena deja una pregunta inevitable para la administración municipal: si desde abril existe un sistema especialmente diseñado para detectar los baches más peligrosos y ordenar su reparación, ¿cómo un pozo de semejante magnitud pudo permanecer en una calle hasta convertirse en una trampa para automovilistas e incluso para un vehículo de emergencias?
BachIA prometía encontrar justamente este tipo de pozos
En abril de este año, Chahla presentó BachIA como una de las innovaciones de su gestión. El software utiliza cámaras instaladas en móviles municipales para identificar roturas del pavimento, geolocalizarlas y clasificarlas de acuerdo con su peligrosidad.
El mecanismo anunciado contempla tres niveles. Los baches considerados de nivel tres son precisamente aquellos que requieren una atención urgente. Además, el sistema genera mapas de calor y la información detectada debe ser remitida al área de Obras Públicas y a las empresas encargadas del bacheo.
En aquella presentación, Chahla sostuvo que la herramienta permitiría detectar los baches de la ciudad y determinar cuáles debían recibir atención inmediata según el riesgo que representaban.
Cuatro meses después, un pozo de dimensiones suficientes como para inmovilizar un patrullero vuelve a poner bajo la lupa la distancia entre la innovación anunciada y lo que ocurre sobre el pavimento.
De la inteligencia artificial al reclamo vecinal sin respuesta
El caso del barrio Alejandro Heredia resulta todavía más incómodo porque el problema no apareció de manera repentina. Un vecino afirmó que realizó reiterados reclamos ante las autoridades municipales y que, hasta el momento señalado por la publicación, no había obtenido respuestas ni se habían ejecutado trabajos para solucionar el sector. Además, los videos difundidos mostraron que el patrullero no habría sido el único vehículo afectado.
BachIA había sido presentada justamente para complementar otro mecanismo municipal: la aplicación Ciudad SMT, mediante la cual los vecinos pueden denunciar problemas, enviar fotografías y geolocalizar los puntos afectados.
Es decir, la Municipalidad dispone tanto de herramientas para que el vecino avise dónde está el pozo como de inteligencia artificial para encontrarlo automáticamente.
El interrogante ya no parece ser solamente si el Municipio puede detectar los baches, sino qué ocurre después de que los detecta.
Tecnología de avanzada, pero los baches siguen en la calle
La gestión Chahla convirtió la innovación tecnológica en uno de sus principales argumentos para mostrar una modernización del Estado municipal. BachIA fue promocionada incluso como una herramienta novedosa para el NOA y como una manera de optimizar recursos y priorizar las reparaciones más urgentes.
Pero ninguna inteligencia artificial tapa por sí sola un pozo.
Para que el sistema tenga un impacto real hace falta que la información termine convirtiéndose en una intervención concreta de Obras Públicas. Y allí es donde episodios como el de Alejandro Heredia obligan a preguntar por los resultados y no solamente por la tecnología.
¿Cuántos baches detectó BachIA desde su lanzamiento? ¿Cuántos fueron considerados urgentes? ¿Cuánto demora el Municipio entre la detección y la reparación? ¿El enorme pozo donde quedó atrapado el móvil policial estaba incorporado en la base de datos? ¿Había sido informado por los vecinos? ¿Por qué seguía abierto?
Son datos que permitirían saber si BachIA es realmente una herramienta capaz de mejorar las calles o si quedó reducida a otro anuncio tecnológico de la gestión.
Por ahora, la imagen que quedó no es la de una computadora detectando imperfecciones en el pavimento. Es bastante más sencilla: un patrullero hundido en un enorme pozo de una calle de la Capital y vecinos preguntándose cuándo llegará la solución.
