Después de una nueva tormenta que dejó calles anegadas y distintos sectores de San Miguel de Tucumán bajo el agua, la intendenta Rossana Chahla encontró una explicación: la basura.
La jefa municipal aseguró que los más de 1.800 imbornales de la ciudad estaban limpios antes del temporal y señaló que bolsas, botellas, plásticos e incluso colchones terminaron obstruyendo canales y desagües. También pidió mayor responsabilidad a los vecinos en el manejo de los residuos.
Que existe una responsabilidad ciudadana es difícil de discutir. Tirar basura en la calle, sacar residuos fuera de horario o convertir canales en depósitos clandestinos perjudica a toda la ciudad.
Pero reconocer esa conducta no debería servir para desplazar una pregunta bastante más incómoda: ¿quién tiene la responsabilidad de mantener limpia la ciudad, retirar los residuos, controlar los basurales y garantizar que canales e imbornales estén en condiciones de soportar una tormenta?
La respuesta también involucra al municipio.
La basura no aparece solamente cuando empieza a llover
La explicación oficial plantea que los imbornales estaban limpios y que fue la tormenta la que arrastró los residuos hasta bloquearlos.
Puede ocurrir. Una precipitación intensa moviliza residuos acumulados en calles, veredas y espacios públicos y los conduce hacia las bocas de tormenta.
Pero ahí aparece precisamente otra dimensión de la gestión municipal: si una cantidad importante de basura se encuentra en condiciones de ser arrastrada hacia los desagües, el problema no empieza cuando cae la primera gota.
Empieza antes.
La Municipalidad tiene una Dirección de Limpieza Urbana dentro de la estructura de Servicios Públicos y desarrolla políticas específicas para la gestión de residuos. Además, sus propios documentos consideran la limpieza de canales e imbornales una acción preventiva destinada a garantizar el escurrimiento del agua y reducir los riesgos de anegamiento.
Es decir, no se trata solamente de educar al vecino para que no arroje un colchón a un canal. También se trata de detectar ese colchón y retirarlo antes de que llegue la tormenta.
Los propios informes municipales reconocen cuál es la tarea
Hay algo todavía más significativo: no hace falta recurrir a la oposición para establecer cuál es la responsabilidad municipal. Lo dice la propia Municipalidad.
En sus informes oficiales, el municipio informó que durante distintos períodos realizó limpieza de canales, cámaras, rejas e imbornales y retiró miles de toneladas de residuos. También sostuvo que estas tareas son fundamentales para evitar obstrucciones y disminuir los riesgos frente a las lluvias.
En otro informe, la administración municipal señaló que había trabajado sobre más de 22 kilómetros de canales y anunció un esquema de “limpieza y mantenimiento permanente”, precisamente porque la acumulación de basura y sedimentos puede generar obstrucciones y desbordes durante las tormentas.
Entonces, la discusión no debería reducirse a elegir entre dos culpables: los vecinos o la Municipalidad.
Existen responsabilidades compartidas, pero no responsabilidades equivalentes.
Al ciudadano le corresponde no arrojar basura.
Al Estado municipal le corresponde organizar la recolección, limpiar el espacio público, mantener canales e imbornales, controlar los lugares donde se forman basurales, sancionar cuando corresponda y planificar un sistema capaz de responder frente a fenómenos meteorológicos previsibles.
Y esa responsabilidad no desaparece porque haya vecinos irresponsables.
La pregunta no es si se hizo algo, sino si alcanzó
Chahla anunció ahora que, cuando exista una alerta meteorológica, el municipio podría disponer personal para retirar residuos de los imbornales mientras se desarrolla el episodio. Reconoció, al mismo tiempo, que resulta imposible colocar una persona en cada uno de los más de 1.800 puntos de captación.
La propuesta deja otra pregunta: si durante una tormenta hay que improvisar cuadrillas para impedir que la basura tape los desagües, ¿no debería reforzarse mucho antes el mantenimiento preventivo, la limpieza urbana y el control?
También existe un problema estructural. La propia intendenta reconoció que San Miguel de Tucumán necesita obras hidráulicas de magnitud y sostuvo que no es posible transformar una ciudad en poco más de mil días. Es razonable admitir que obras acumuladas durante décadas no pueden ejecutarse de un día para otro.
Pero justamente por eso resulta todavía más importante aquello que sí puede hacerse cotidianamente: limpiar, mantener, controlar y anticiparse.
Después de cada inundación es sencillo mirar al cielo. También es sencillo señalar al vecino que arrojó una bolsa, una botella o un colchón.
La responsabilidad ciudadana existe y debe exigirse.
Lo que no corresponde es utilizarla como explicación suficiente para que la gestión pública quede fuera de la discusión.
Porque si los residuos terminan bloqueando canales e imbornales, la pregunta no puede ser solamente quién los arrojó.
También hay que preguntar quién debía retirarlos antes de que llegara la lluvia.
