La primera tormenta importante de esta nueva etapa de lluvias alcanzó para que San Miguel de Tucumán volviera a exhibir una postal demasiado conocida: calles cubiertas de agua, sectores prácticamente intransitables y conductores intentando avanzar entre anegamientos. La escena vuelve a poner bajo análisis las medidas preventivas anunciadas por la gestión de Rossana Chahla y la capacidad de respuesta de una infraestructura pluvial que el propio Municipio reconoce como insuficiente frente al crecimiento de la ciudad.
La lluvia comenzó poco antes de las 16 del lunes y en cuestión de minutos generó problemas tanto en el microcentro como en distintos barrios de la Capital. El Servicio Meteorológico Nacional había emitido una alerta amarilla y anticipado tormentas potencialmente fuertes, con abundante precipitación en períodos cortos, actividad eléctrica, granizo y ráfagas.
La temporada recién comienza. Y, sin embargo, para muchos tucumanos la sensación fue la de volver a una historia que conocen demasiado bien.
Otra vez agua en las calles
El problema adquiere mayor relevancia porque las lluvias no sorprendieron completamente a las autoridades. Apenas una semana antes, la Municipalidad había informado que intensificaba la limpieza de canales y sistemas de desagüe ante la proximidad de la temporada de mayores precipitaciones.
El mismo lunes, frente a la alerta meteorológica, el Municipio comunicó que había reforzado las tareas preventivas sobre aproximadamente 40.000 metros lineales de canales y desagües, con trabajos de dragado, desmalezamiento y retiro de residuos.
La gestión de Chahla sostiene además que mantiene durante todo el año un programa sistemático de limpieza sobre 24 canales y más de 2.000 imbornales.
Pero la tormenta volvió a dejar calles anegadas.
Ese contraste es el dato político y urbano que queda después de la lluvia: existen trabajos preventivos anunciados y existe un problema estructural reconocido oficialmente, pero cuando llegan precipitaciones intensas numerosos vecinos continúan encontrándose con calles por las que resulta difícil o directamente imposible circular.
El interrogante, entonces, no pasa solamente por determinar si se limpiaron o no los canales. La discusión de fondo es cuánto alcanza ese mantenimiento frente a una red pluvial que lleva décadas acumulando deficiencias y frente a fenómenos meteorológicos que pueden ser cada vez más intensos.
Una temporada anterior que terminó en tragedia
Tucumán todavía tiene demasiado cerca lo ocurrido durante las fuertes tormentas de abril de este año.
En aquel temporal, que dejó registros extraordinarios de lluvia en distintos puntos de la provincia, tres personas perdieron la vida.
En San Miguel de Tucumán murió Lisandro, un niño de 12 años que recibió una descarga eléctrica cuando regresaba de jugar a la pelota durante la tormenta. El hecho ocurrió en la zona de avenida Jujuy y Democracia.
La intendenta Rossana Chahla expresó entonces sus condolencias a la familia y el Municipio informó sobre los operativos realizados durante la emergencia.
Ese mismo temporal tuvo otro desenlace trágico en Tafí Viejo. Mariano Robles, de 28 años, y Solana Albornoz, de 32, murieron luego de que el vehículo en el que viajaban fuera arrastrado por el agua y terminara dentro de un canal.
Se trata de hechos ocurridos en jurisdicciones y circunstancias diferentes y no corresponde adjudicar las tres muertes a una misma administración municipal. Pero forman parte de una temporada de lluvias que dejó una advertencia imposible de minimizar: cuando el agua supera la capacidad de las ciudades para evacuarla y gestionar sus riesgos, las consecuencias pueden dejar de ser únicamente calles inundadas o vehículos varados.
El problema ya está diagnosticado
Quizás uno de los puntos más relevantes es que la propia Municipalidad reconoce la dimensión estructural del problema.
En su discurso de apertura de sesiones de 2026, Chahla sostuvo que la infraestructura hídrica de San Miguel de Tucumán quedó atrasada frente al crecimiento urbano. Su administración anunció obras, mantenimiento permanente de canales y gestiones para conseguir financiamiento destinado a proyectos hidráulicos de mayor escala.
También durante este año se realizaron reuniones técnicas para analizar obras de prevención de inundaciones y la posible llegada de una temporada 2026-2027 particularmente complicada por las condiciones climáticas.
Es decir: el riesgo se conoce, el diagnóstico existe y las autoridades saben que las lluvias intensas volverán.
Por eso cada nueva tormenta funciona también como una prueba sobre lo realizado.
La del lunes llegó cuando la temporada de mayores precipitaciones ni siquiera comenzó plenamente y volvió a mostrar puntos anegados de la Capital. No tuvo la magnitud del temporal de abril y sería incorrecto equiparar ambos fenómenos. Pero la repetición de determinadas imágenes obliga a mirar más allá de cada episodio aislado.
San Miguel de Tucumán necesita mantenimiento permanente, pero también soluciones hidráulicas capaces de responder a una ciudad que creció sobre una infraestructura que ya no alcanza.
Porque la lluvia podrá ser inevitable.
Que cada tormenta vuelva a transformar determinadas calles en verdaderos cursos de agua es el problema que todavía espera una solución estructural.
