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Interna en el gabinete de Jaldo: Lausberg ganó la pulseada y Cobos, una vez más, cayó parado

La renuncia de José Ricardo Ascárate a la intervención del Ente Único de Control y Regulación de los Servicios Públicos Provinciales de Tucumán dejó al descubierto una interna que el Gobierno provincial ya no pudo mantener dentro de los expedientes. El dirigente radical abandonó el ERSEPT después de un fuerte enfrentamiento con la subinterventora Ingrid Lausberg, quien permanecería en el organismo.

El gobernador Osvaldo Jaldo confirmó la dimisión y anticipó que aceptaría formalmente la salida del funcionario. Para reemplazarlo, el nombre elegido sería el de Eduardo “Lalo” Cobos, exdefensor del Pueblo y dirigente cercano al oficialismo provincial.

El desenlace permite una lectura política directa: Lausberg ganó la pulseada que mantenía con Ascárate, mientras que Cobos volvió a encontrar un lugar estratégico dentro de la estructura estatal pocos meses después de haber dejado la Defensoría del Pueblo.

Una pelea que terminó con la salida de Ascárate

La crisis se hizo pública a partir de una serie de notas, intimaciones y acusaciones cruzadas entre las dos máximas autoridades del ERSEPT. El conflicto giró alrededor de las facultades que correspondían al interventor y a la subinterventora dentro del organismo encargado de controlar servicios esenciales como la electricidad, el agua y el transporte de pasajeros.

Uno de los puntos de mayor tensión surgió cuando Ascárate pidió un informe sobre la situación laboral de 13 agentes. Lausberg cuestionó el procedimiento y sostuvo que se habían excedido competencias administrativas, además de ordenar que no se impartieran instrucciones sin su intervención.

Ascárate rechazó esa intimación y defendió su autoridad como responsable principal del ente. La disputa dejó de ser una diferencia de criterios y se convirtió en una pelea abierta por la conducción del organismo.

Aunque públicamente se intentó bajar el tono y negar la existencia de un enfrentamiento personal, la renuncia terminó confirmando que la convivencia política y administrativa se había vuelto insostenible.

Lausberg resistió y terminó mejor posicionada

Ingrid Lausberg había llegado al ERSEPT después de ser desplazada de la vicepresidencia de Canal 10. Su desembarco tampoco había sido silencioso: el Ejecutivo creó el cargo de subinterventora mediante un decreto de necesidad y urgencia que luego fue ratificado por la Legislatura, en medio de cuestionamientos de la oposición.

Su incorporación significó, desde el comienzo, la aparición de una segunda figura con poder dentro de una repartición que ya estaba encabezada por Ascárate. La superposición de funciones y las diferencias sobre el manejo administrativo terminaron detonando el conflicto.

El resultado de esa disputa fue inequívoco. Ascárate se fue y Lausberg continuó. Más allá de las explicaciones formales que puedan ofrecerse, dentro del tablero político provincial la subinterventora terminó imponiéndose.

La resolución también expuso las dificultades del gabinete de Jaldo para contener sus propias internas. Una pelea que debía resolverse dentro de la administración terminó con la salida de uno de los funcionarios y con una nueva reconfiguración de poder en un ente clave.

Cobos siempre cae parado

El posible desembarco de Eduardo Cobos completa el movimiento. El exdefensor del Pueblo concluyó en marzo su mandato de cinco años, luego de que la Legislatura eligiera a Agustín Fernández como sucesor. Sin embargo, su alejamiento de los cargos públicos duraría poco.

Cobos, identificado políticamente con el jaldismo, quedaría ahora al frente del organismo que debe controlar a las empresas prestadoras de los servicios públicos. Se trata de otro puesto relevante, con exposición institucional y capacidad para intervenir en algunos de los principales reclamos de los tucumanos.

Su trayectoria vuelve a mostrar una característica frecuente en la política provincial: cuando una puerta se cierra, otra se abre rápidamente para quienes conservan vínculos sólidos con el poder.

La salida de Ascárate, la permanencia de Lausberg y la llegada de Cobos no representan solamente un cambio de nombres. Son la consecuencia de una interna dentro del Gobierno y de una decisión política tomada desde la Casa de Gobierno. En esa disputa, Lausberg ganó la pulseada y Cobos volvió a caer parado.

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