La intendenta Rossana Chahla presentó una estrategia para reorganizar el transporte público de San Miguel de Tucumán, con cambios en los recorridos, una reducción de las superposiciones entre líneas y una mayor distancia entre las paradas. Sin embargo, uno de los puntos centrales del proyecto provocó fuertes críticas entre vecinos y usuarios: la propuesta de separar las paradas hasta dejarlas, en promedio, a 400 metros unas de otras.
Durante la presentación, Chahla sostuvo que no resulta eficiente que los colectivos se detengan cada 150 metros y afirmó que los pasajeros deberán acostumbrarse a caminar un poco más. El planteo busca reducir los tiempos de viaje, ahorrar combustible y mejorar las frecuencias, pero para numerosos usuarios demuestra un desconocimiento de las condiciones en las que se utiliza el transporte público en Tucumán.
Entre los cuestionamientos apareció una frase contundente: “La intendenta nunca se subió a un colectivo”. La expresión no apunta solamente a la distancia propuesta, sino a la percepción de que el proyecto fue diseñado desde un escritorio, sin contemplar suficientemente la experiencia diaria de adultos mayores, personas con discapacidad, trabajadores, estudiantes y familias con niños.
Caminar 400 metros no es igual para todos
Para una persona joven y sin dificultades de movilidad, caminar cuatro cuadras puede parecer un esfuerzo menor. La situación cambia para un adulto mayor, alguien con problemas de salud, una persona con discapacidad o un pasajero que debe cargar bolsas, acompañar a un niño o trasladarse durante varias horas para llegar a su trabajo.
Los vecinos también remarcaron que las distancias no pueden analizarse únicamente sobre un mapa. El estado de las veredas, la falta de rampas, los obstáculos, los pozos, las calles inundadas y la escasa accesibilidad convierten muchas caminatas cortas en recorridos difíciles o directamente peligrosos.
El municipio sostiene que el nuevo esquema permitirá agilizar el servicio. Los usuarios, en cambio, advierten que esa mejora podría conseguirse trasladando parte del costo y del esfuerzo a los pasajeros más vulnerables.
El calor, la lluvia y la inseguridad quedaron fuera del cálculo
Otra de las principales objeciones está relacionada con el clima tucumano. Caminar 400 metros y esperar un colectivo bajo temperaturas extremas no representa una dificultad menor, especialmente durante el verano. Lo mismo ocurre en jornadas de lluvia, cuando numerosas calles se anegan y las veredas se vuelven intransitables.
A esto se suma la falta de refugios adecuados. Muchas paradas no cuentan con techo, asientos, iluminación ni cartelería. Por esa razón, los usuarios se preguntaron cómo se aplicará el nuevo sistema sin garantizar previamente lugares seguros y protegidos para esperar.
La inseguridad también ocupa un lugar central en las críticas. Alejar las paradas podría obligar a los pasajeros a caminar más cuadras durante la madrugada o por la noche, incluso por sectores con poca iluminación y escasa circulación. Para trabajadores que comienzan o terminan sus jornadas fuera de los horarios comerciales, esos metros adicionales pueden representar una mayor exposición a robos y ataques.
Un plan técnico que necesita escuchar a quienes viajan
La propuesta municipal fue presentada como el inicio de una transformación del transporte público. El diagnóstico detectó recorridos superpuestos, líneas demasiado extensas, frecuencias deficientes, altos costos operativos y una marcada caída en la cantidad de pasajeros.
Chahla anunció un período de 30 días para recibir observaciones antes de avanzar con una propuesta definitiva. Los vecinos reclamaron que esa instancia no quede limitada a funcionarios, especialistas, empresarios y representantes institucionales, sino que incorpore de manera directa a quienes esperan diariamente los colectivos.
Mejorar las frecuencias y reducir los tiempos de viaje son objetivos necesarios. Pero una reforma no puede medir solamente kilómetros, combustible y costos empresariales. También debe considerar la edad de los pasajeros, su movilidad, el clima, la accesibilidad de las veredas y las condiciones de seguridad de cada barrio.
El desafío para la gestión municipal será demostrar que la denominada “eficientización” no consistirá simplemente en hacer que el colectivo se detenga menos veces y que los usuarios caminen más. Sin infraestructura, refugios, iluminación y participación vecinal, las paradas cada 400 metros podrían profundizar las dificultades de aquellos que no tienen otra alternativa para trasladarse.
